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Hace dos largas décadas que escribo en esta página. También, en los últimos dos años, Twitter me ha permitido acercarme a lo más caliente de nuestro modo de respirar. Y no puedo decir que sea confortable. Inquieta el lugar en que una parte de los lectores españoles se sitúan: lo airado de sus reacciones, el odio sectario, la violenta simpleza -rara vez hay argumentos serios- que a menudo llegan a un desolador extremo de estolidez, cuando no de infamia y vileza. Cualquier asunto polémico se transforma en el acto, no en debate razonado, sino en un pugilato visceral del que está ausente, no ya el rigor, sino el más elemental sentido común.

Destaca, significativa, la necesidad de encasillar. Si usted opina, por ejemplo, que a Manuel Azaña se le fue la República de las manos, no encontrará criterios serenos que comenten por qué se le fue o no se le fue, sino airadas reacciones que, tras mencionar el burdo lugar común de Hitler y Mussolini, acusarán al opinante de profranquista y antidemócrata. Y si, por poner otro ejemplo, menciona el papel que la Iglesia Católica tuvo en la represión de las libertades durante los últimos tres siglos de la historia de España, abundarán las voces calificándolo en el acto de anticatólico y progre de salón. Pondré un ejemplo personal: una vez, al ser interrogado sobre mi ideología, respondí que yo no tengo ideología porque tengo biblioteca. No pueden ustedes imaginar cómo llovieron, en el acto, las violentas acusaciones de que escurría el bulto «y no me mojaba». Y es que en España parece inconcebible que alguien no milite en algo y, en consecuencia, no odie cuanto quede fuera del territorio delimitado por ese algo. Reconocer un mérito al adversario es para nosotros impensable, como aceptar una crítica hacia algo propio. Porque se trata exactamente de eso: adversarios, bandos, sectas viscerales heredadas, asumidas sin análisis. Odios irreconciliables. Toda discrepancia te sitúa directamente en el bando enemigo. Sobre todo en materia de nacionalismos, religión o política, lo que no toleramos es la crítica, ni la independencia intelectual. O estás conmigo, o contra mí. O eres de mi gente -y mi gente es siempre la misma, como mi club de fútbol- o eres cómplice de la etiqueta que yo te ponga. Y cuanto digas queda automáticamente descalificado porque es agresión. Provocación. Crimen.

Qué fácil resulta entender, así, nuestra despiadada Guerra Civil. Si ahora no se dan delaciones y paseos por las cunetas, es sencillamente porque ya no se puede. Pero las ganas, el impulso, siguen ahí. Me pregunto muchas veces de dónde viene esa vileza, esa ansia de ver al adversario no vencido o convencido, sino exterminado. La falta de cultura no basta para explicarlo, pues otros pueblos tan incultos y maleducados como nosotros se respetan a sí mismos. Quizá esa Historia que casi nadie enseña en los colegios pueda explicarlo: ocho siglos de moros y cristianos, el peso de la Inquisición con sus delaciones y envidias, la infame calidad moral de reyes y gobernantes. Pero no estoy seguro. Esa saña que lo mismo se manifiesta en una discusión política que entre cuñados y hermanos en una cena de Navidad es tan española, tan nuestra, que me pregunto quién nos metió en la sangre su cochina simiente. Desde ese punto de vista, el español es por naturaleza un perfecto hijo de puta. Por eso necesitamos tanto lo que no tenemos: gobernantes lúcidos, sabios sin complejos que hablen a los españoles mirándonos a los ojos, sin mentir sobre nuestra naturaleza y asumiendo el coste político que eso significa. Dispuestos a decir: «Preparemos al niño español para que se defienda de sí mismo. Eduquémoslo para que conviva con el hijo de puta que siglos de reyes, obispos, mediocridad, envidia, corrupción, violencia, injusticia, le metieron dentro».

1 de septiembre de 2013

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Lo que son mentiras groseras entrarán en la cabeza de muchas personas honorables como victorias claras, por obra y gracia de un aparato mediático falsario como no hay en ninguna democracia. Las sandeces dichas por Jordi Pujol siempre me parecieron disonantes, ridículas y de mero oportunismo. Ahora Mas hace lo mismo gracias a su control mediático, que ejerce a todas las horas del día, imponiendo una línea informativa de manera casi generalizada, para enmascarar sus falacias.
El presidente de la Generalidad, Artur Mas, durante el Día de Convergència de 2013

El presidente de la Generalidad, Artur Mas, durante el Día de Convergència de 2013 / FOTO: CDC
Alfons Quintà
Jueves, 3 de octubre de 2013 – 08:57

Mas quiere hacer creer que todos los catalanes están de acuerdo con él. Pero a menudo la verdad se impone. Entonces, Mas se irrita. Hace unos días, le tocó recibir a lo que denominó «las élites». Semánticamente, dio a la palabra un significado muy comparable al que lograba bajo el nazismo la palabra plutocracia, o en el comunismo la expresióncapitalismo internacional.

De hecho, Mas pensaba en los dos únicos bancos catalanes (CaixaBank y Sabadell), en Fomento del Trabajo Nacional, en el Círculo de Economía y, muy en general, en los empresarios y financieros. Todos tienen que vivir de realidades y, en efecto, están escandalizados por los delirios de Mas, como lo tendría que estar todo el mundo con un poco de inteligencia. Los que todavía no lo estén, lo llegarán a estar, seguro. De momento, Mas berrea como si fuera un caudillo unánimemente amado, mientras más y más sectores de opinión -no confundir con TV3 o sus panfletos- le dan la espalda, empezando por UDC.

«Cambiar el curso de la historia» (¡solo!)

Creyéndose que es un gran hito histórico, Mas dijo el martes que las élites «no tienen que pretender cambiar el curso de la historia». Él lo ha pretendido hacer, a pesar de que está más solo que la una, incluso dentro de CDC, respecto a UDC y ERC. Este último partido se lo está merendando. No digo nada del delirio que encarna cuando quiere hacer creer que la Unión Europea está con él.

En realidad, Mas ha optado por aumentar el ritmo de sus insensateces. Una tras otra, creciendo también en virulencia. Aumenta la radicalidad y el tono intolerante, con intermedios comerciales, auténticos spots televisivos, puntuales y nada creíbles, diciendo que todo el mundo, en especial el PSC, se tiene que poner detrás suyo. Burro quien se lo crea. Mas ha hecho tanto daño que ninguna coalición ni ninguna cooptación resulta aceptable.

Durante un tiempo, la radicalidad le puede servir para mantener el clímax sentimental de sus seguidores, pero ni estos lo podrán mantener demasiado tiempo. En cuanto a atraer más bobos, precisamente el aumento de la radicalidad lo está llevando a todo lo contrario. Los moderados se asustan, legítimamente, y los del morro fort acabarán muertos, aplastados por el Principio de la Realidad, formulado por Freud.

En el reciente debate parlamentario, Mas incluso se quiso cargar más de un siglo y medio de catalanismo ponderado, diciendo que no ha funcionado. Adiós Aribau, Prat de la Riba, Cambó, Almirall y Macià, que ha llegado Mas. En realidad ha llegado la rana de la fábula que se toma por un buey y acabará reventado, de tanto querer sacar pecho. Mas va camino de encarnar el fin del catalanismo político, no el inicio. Es el omega, no el alfa.

Mintiendo sobre sanidad

Mas actúa abusando de la palabra Cataluña, que, en su boca, deja de representar una parte del mundo real, hoy complicado por razones que no son las quimeras de Mas. En su discurso, la realidad desaparece y Cataluña pasa a ser un ser vivo, su hija, o su amante. La sublimación léxica de las realidades políticas es inherente a los demagogos.

Esta esquizofrenia o esta mentira cínica (depende de si se la cree o no) la encontramos en todos los niveles. Así, en el último debate se aprobó una resolución presentada por CiU y ERC, y apoyada por el PSC. Instaba (verbo que jurídicamente no quiere decir gran cosa) al Gobierno autonómico a no privatizar la gestión del Hospital Clínico y pedía amparo por el de San Pablo, mientras daba a entender que no se acabaría de destrozar el Instituto Catalán de la Salud (ICS).

Desde entonces ha habido periodistas que han querido conseguir precisiones de la Consejería de Salud y de las direcciones de los afectados. No lo han conseguido, ni lo conseguirán. Lo mismo les ha pasado a los trabajadores que querían alguna aclaración. Quedaba muy bien.

Después de días de sorpresa, finalmente, La Vanguardia ha publicado una versión muy favorable a la Generalidad, en el sentido de que la privatización del Hospital quedaría parada y la del ICS también. Todo hace falta ponerlo entre paréntesis porque le pueden dar la vuelta. De momento, no hay información oficial de la Consejería, como mínimo en el Parlamento autonómico. Esta arbitrariedad institucional, en todo, está en la base del miedo de todo el mundo, en especial los inversores. Hay que mantenerlo todo, en especial el Hospital Clínico, bajo los focos, a pesar de que la siempre gran opacidad sanitaria está enloquecida. Tanto el Clínico como el San Pablo y por supuesto el ICS son temas cruciales.

Confusión generalizada en todo

Nadie se tiene que extrañar de la creación de confusión por parte de Mas. Nunca ha intentado reformar nada, sino generar convulsiones que le permitieran esconder su ineptitud y trastornar malévolamente la sociedad, con la misma y única finalidad que tienen los calamares cuando lanzan tinta.

Por este camino hemos llegado a una confusión generalizada que acaba de liquidar la poca libertad de expresión que quedaba. Mas es capaz de crear confusión en todo, y hacerlo deliberadamente. Hasta ahora ha sido su manera de gobernar. Se entiende que en dos años sólo presentara un proyecto de ley, además menor, en el Parlamento autonómico.

Pero no pasa nada. Lo que son mentiras groseras entrarán en la cabeza de muchas personas honorables como victorias claras, por obra y gracia de un aparato mediático falsario como no hay en ninguna democracia.

Bien es verdad que cada día de la semana lo que queda de la sanidad pública se va recortando de manera dispersa e incoherente. No se trata de perfeccionar un sistema que era bastante bueno, sino de destrozarlo sin querer crear otro que no sea el sálvese quien pueda. Los enfermos podrán salir adelante, más o menos, pero los pobres (condición en incremento) ven y verán más su vida acortada, así como mal vivida.

La «libertad» organicista de Mas

El domingo, en Igualada, Artur Mas afirmó que «si la gente vota libertad, Cataluña será libre». Lo efectuó en un marco, con un tono y con una expresión violentos, hasta ahora inéditos, cuando se trataba del Día del Partido, una copia del Alderdi Eguna del PNV, pero con muy poca asistencia, menos que otros años. No era un mitin sino una fiesta más bien familiar. A pesar de esto, Mas llegó a superar el tono que tenía Chávez.

Demostró lo que sabíamos: que Mas es un demagogo, un ignorante en cuanto a pensamiento y en cuanto a gestión. Probó también su concordancia con un elemento básico de los dos grandes totalitarismos: el organicismo estatista, es decir el desprecio por la auténtica libertad, la individual. Lo traté ampliamente en El Debat, destacando los parecidos entre Mas, Junqueras, Haider y Franco.

Situar conceptualmente a los oportunistas siempre es difícil. Son la antítesis de los pensadores y, por supuesto, de los filósofos. No tienen rigor ni coherencia intelectual. Mas ni es consciente de ello. Como Jordi Pujol, Mas se atreve a hacerse pasar por un pensador. ¿Por qué no por cosmonauta?

Mas pone en su boca la palabra libertad, en el sentido organicista («la libertad de Cataluña») como Franco se refería una «España libre». Con su osadía, Mas se sitúa en un terreno que lo delata. Lo hace irresponsablemente, como los gansos defecan o como el burgués gentilhombre de Molière ignoraba que hablaba en prosa.

Nunca Mas ha dicho nada sobre los derechos y libertades que querría que garantizara su utópica Cataluña-Estado. Es un silencio que tiene mucho sentido. Precisamente por eso siempre he creído que, además de asumir todos los males del modelo caduco de Estado-nación, su utopía implicaría convertirse en lo que siempre he llamado un Estado-masía, con una obvia pérdida de derechos. Me fue fácil encontrar esta etiqueta, inductivamente, en base a los hechos, para aplicarla, desde hace muchos años a Jordi Pujol, que encarnaba la figura del propietario rural por antonomasia. Ver Terra Baixa de Guimerà recuerda la Presidencia de la Generalidad, con Pujol y ahora con Mas.

Las barbaridades de Pujol y los silencios de Mas

Las sandeces dichas por Jordi Pujol siempre me parecieron disonantes, ridículas y de mero oportunismo. Tener, como afirmó solemnemente, como los tres pilares conceptuales a Herder, Renan y Pierre Vilar significa que, en realidad, no tenía ninguna construcción intelectual respecto a nada. Aun así, Pujol se montó una película sin la cual sus hijos no tendrían ahora 600 millones de euros, según estimación pública del hasta hace poco secretario general del principal sindicato policial.

Antes, un propietario rural podía hacer correr maledicencias desde el bar del pueblo. Ahora Mas hace lo mismo gracias a su control mediático, que ejerce a todas las horas del día, imponiendo una línea informativa de manera casi generalizada, para enmascarar sus falacias. Tardaremos mucho en poder llegar a disfrutar de un grado de posibilidades informativas reales que parecía definitivamente adquirido en el pasado reciente.

Hay que asumir que Mas ha instaurado una maldad y una perversión sin precedentes. Van más allá del nivel político e institucional. Ha perturbado normas vigentes, escritas o no escritas, en todas las democracias. Ya veremos si podremos recuperarlas. Ahora ya se ve que Mas se irá a pique. Pero nadie puede predecir que con su desaparición, del todo imprescindible y urgente, sea suficiente para salir un poco adelante. Lo mostró con claridad en el último debate parlamentario.

 

https://www.cronicaglobal.com/es/notices/2013/10/mas-mas-radicalismo-mas-confusion-y-mas-falsedades-965.php

]]> https://xaviercomas.wordpress.com/2013/10/05/mas-radicalismo-confusion-y-falsedades/feed/ 0 xaviercomas El presidente de la Generalidad, Artur Mas, durante el Día de Convergència de 2013 ¿DINAMITANDO PUENTES? https://xaviercomas.wordpress.com/2013/08/09/dinamitando-puentes/ https://xaviercomas.wordpress.com/2013/08/09/dinamitando-puentes/#respond Fri, 09 Aug 2013 10:53:02 +0000 https://xaviercomas.wordpress.com/?p=595

Un expresidente del Gobierno de España dado a hacer declaraciones extemporáneas explicó en una universidad americana que nuestro país tiene un problema con el terrorismo islámico desde hace 13 siglos. Desde la batalla de Guadalete en 711, la España cristiana se encuentra en lucha multisecular contra ese fundamentalismo islámico empeñado en doblegarla para convertirla en parte del mundo musulmán. Produjo escándalo esa visión tan epidérmica, tendenciosa e irresponsable de la historia. Ahora, son historiadores los invitados a la llamada del Centre d’Història Contemporània vinculado al Departament de la Presidencia de la Generalitat de Cataluña para ser voces autorizadas en un simposio que con el título España contra Cataluña: una mirada histórica (1714-2014) pretende analizar la acción política “casi siempre de carácter represivo del Estado español en relación con Cataluña” en esos tres siglos, según reza su anuncio.

Quienes han programado el encuentro pareciera que utilizan el mismo discurso histórico de quienes piensan que seguimos en cruzada contra el islam, porque tratarían de convencer a la ciudadanía catalana de que su enemigo histórico es desde hace siglos el Estado español. Cual si fueran dos bolas de billar compactas, España y Cataluña llevarían enzarzadas en un combate de boxeo desigual, durante 300 años, como si hubiera un plan geoestratégico multisecular diseñado para dominar a la nación catalana.

Suponemos que no quedará en el olvido ni la opresión ejercida por los señores feudales catalanes ni la explotación del proletariado industrial por sus muy catalanes patronos o, incluso, los recientes expolios cometidos por algunos clanes políticos tan patrióticamente catalanistas… Convertida en un baúl repleto de agravios, la historia se convierte así en un fácil recurso para crear identidades antagónicas y para alimentar discursos demagógicos que tanto hacen peligrar la convivencia ciudadana, haya o no haya fronteras. Cabe imaginar la impaciencia con la que la Generalitat aguarda los resultados del simposio, pero cabe que los resultados no sean los previstos y la Generalitat se encuentre con un análisis crítico, opuesto a lo que pretendía cosechar. En todo caso, el mal ya está hecho.

Crear una audiencia de patriotas y no de ciudadanos es jugar con fuego

Lo más triste no es este enésimo y burdo abuso de la historia. Siempre ha existido gente manipuladora o convencida de que, por ejemplo, los irreductibles vascones ya combatían a las legiones romanas al modo en que los “heroicos gudaris” atacaban cuarteles de la Guardia Civil. Lo triste reside en que este congreso lance enunciados que ya de por sí son consignas, como hablar de “España contra el País Valenciano” o del “arranque del expolio económico en el siglo XVIII”. Les endosan estos temas a algunos de los mejores historiadores de esta generación: profesionales de extraordinaria solvencia intelectual, que han renovado el conocimiento histórico, rompiendo con los antiguos moldes de la historiografía franquista y escribiendo obras de las que hemos aprendido mucho.

Confiemos en sus análisis. Si, como decía Marc Bloch, la historia es una ciencia de preguntas, seguro que estos prestigiosos colegas no se van a someter a la consigna de poner el enfrentamiento entre nuestras respectivas “comunidades imaginadas” como leit-motiv. Los organizadores del evento puede que pretendan crear una audiencia no de ciudadanos, si no de patriotas, pero están jugando con fuego. La búsqueda de los ultrajes que se remontan a la noche de los tiempos no puede más que excitar las emociones más primarias en un tema tan altamente inflamable. Si se insiste en ahondar estas fallas con propuestas como estas, la ruptura se ampliaría a crecientes sectores sociales. A algunos, esta posibilidad les parece una bendición: todo cuanto sea dinamitar puentes favorece sus aspiraciones políticas. No parece probable que tal sea el deseo de gran parte de los historiadores que participan en este encuentro, porque sabemos que siempre han invocado el compromiso social del historiador como santo y seña de su labor, y no parece razonable pensar que ese compromiso deba detenerse en el valle medio del Ebro.

Naturalmente, nada de esto implica que las reivindicaciones que la sociedad catalana está haciendo de forma cívica y democrática con respecto a su configuración política no deban ser tenidas en cuenta. Existe un serio problema de encaje de Cataluña con España que, lejos de haberse atemperado, en los últimos años ha subido a un nivel de alta tensión. La pésima gestión que el nacionalismo español ha hecho de esta situación nos obliga como ciudadanos e historiadores a buscar respuestas a esas legítimas aspiraciones, explorando todas las posibilidades sin descartar ninguna que tenga un respaldo democrático. Pero en un debate que debería ser riguroso y sosegado, que debería fomentar el respeto recíproco y que debería establecer cuáles son las consecuencias para cada una de las dos partes de las decisiones que democráticamente acaben tomándose en el futuro, no deberían tener ningún lugar los fantasmas del pasado, y menos aún cuando estos fantasmas son agitados como guiñoles que transmiten un mensaje tan sometido a la coyuntura política del momento.

En un debate riguroso no deberían tener lugar los fantasmas del pasado

Hemos aprendido de maestros como Pierre Vilar que la historia es la ciencia que estudia los cambios sociales en el tiempo y que, por tanto, nada es estático en nuestras organizaciones. Por eso, como historiadores debemos explicar los continuos cambios de esa realidad que llamamos España y que ya no puede ser encorsetada en ideas decimonónicas de Estado-nación. Los lazos que constituyeron los Estados-nación en el siglo XIX fueron y son cambiantes. Conviene conocer, por tanto, cómo se fabricaron y alentaron unas u otras identidades. Eric Hobsbawm, otro gran maestro, nos ha enseñado mucho sobre el modo de “inventar tradiciones”, sean españolas, catalanas o andaluzas…

Aunque cada historiador es muy libre de seguir una u otra consigna, escribimos esta tribuna porque pensamos que la nación no es un concepto amorfo ni neutro, por encima de diferencias ideológicas o de clase. Al ser un concepto directamente político, nos exige un doble compromiso. Posicionarnos como ciudadanos y, sobre todo, usar los recursos de la historia como ciencia para desentrañar cómo se ha construido esta realidad plurinacional española en la que hoy vivimos. No peligra España por reconocer que somos plurinacionales, pero tampoco es una entelequia maquiavélica que existe solo para producir opresión en Cataluña. A propósito de esa opresión, conviene recordar, como ciudadanos, que no es Cataluña la que tributa, sino que son las personas fiscales y que estas se definen en primer lugar por su clase social, no por ser catalanes. Lo contrario es mitificar la palabra Cataluña para obviar las diferencias de clases, viejo ardid de todo nacionalismo, también del español.

Eduardo Manzano Moreno es profesor de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y Juan Sisinio Pérez Garzón es catedrático en la Universidad de Castilla-La Mancha.

https://elpais.com/elpais/2013/06/28/opinion/1372415435_331064.html

]]> https://xaviercomas.wordpress.com/2013/08/09/dinamitando-puentes/feed/ 0 xaviercomas AMB TOTA LA LEGITIMITAT https://xaviercomas.wordpress.com/2013/08/03/amb-tota-la-legitimitat/ https://xaviercomas.wordpress.com/2013/08/03/amb-tota-la-legitimitat/#respond Sat, 03 Aug 2013 09:18:48 +0000 https://xaviercomas.wordpress.com/?p=597

JORDI VILAMITJANA I PUJOL

Amb tota la legitimitat i tota la vàlua moral que em dóna poder dir en veu alta que no tinc res més en propietat que la força del meu treball amb la qual procuro, entre d’altres coses, en companyia de la meva dona, habitatge, aliments i estudis per als meus tres fills adolescents; amb tota la força que em dóna pagar tots els meus impostos (que és una tercera part del que cobro) i a més tolerar -per «solidaritat» amb els qui no tenen treball, em diuen- que la Generalitat em furti la meitat de cada paga extraordinària; amb tota aquesta legitimitat, aquesta vàlua i aquesta força, m’atreveixo a dir-li al Sr. Mas que es deixi de ximpleries i que faci el favor, o de governar, o de plegar.

O ens n’anem, o ens quedem. Cal una decisió, ja. Que s’hi està còmode damunt la frontissa, marejant la pardala? Doncs, sí, però toca mullar-se i ser valents d’una vegada. Tot el que han fet fins ara ha estat crear una comissió, obrir una oficina i dir que enviarà una carta… Certament, a Madrid estan tremolant. Estan acollonits. La prudència l’està fent covard, president. Jo no vull un president pusil·lànime.

Però no es tracta tant de demanar el referèndum per dir sí a la independència; es tracta de pensar el país que volem l’endemà de la independència. No es tracta de dir que la solució a tots els problemes és deixar de dependre de Madrid, sinó de dir què en farem dels nostres diners, com els administrarem. Jo no me’n vaig a Ítaca amb algú que no m’ha dit quin repartiment del pastís té preparat; amb algú que s’afanya a retallar-me el salari però que permet que el seu partit contracti assessors i càrrecs de confiança a compte dels diners públics; amb algú que està retallant la sanitat pública fins als límits del que és tolerable; amb algú que usa indistintament les paraules llibertat i sobirania, solidaritat i retallades. Exigeixo que em governi algú que s’aclareixi.

Sàpiga, per exemple, que no estic d’acord que cap ni un dels meus diners vagi destinat a sufragar (via indirecte) actes com el concert per la independència del proppassat cap de setmana. Dic indirecte perquè el mosaic patrocinat pel diari més subvencionat d’occident l’acabaré pagant en part jo; perquè el desplegament de TVC, la nostra, també… Oi que ens entenem? Les subvencions ja tenen aquestes coses. El concert, ben bé del segle XX, va comptar amb desafinats històrics, desajustos notables i una manca de tremp i modernitat proverbial. Per la TV va semblar la cosa més sosa i tronada que he vist mai des dels festivals de l’OTI. Que la causa tot ho justifica? Doncs, no, si em toca pagar (via indirecta, insisteixo) a través de la TV o de la premsa subvencionada.

Jo vull un país de debò. Amb polítics i idees polítiques de debò. Fa massa temps que aquest país és de fireta. No em reca en absolut passar angúnies cada mes si els diners que pago en impostos són destinats a ensenyament, a sanitat i a pagar pensions. No em sap cap greu que allò que em treuen del meu salari serveixi per investigar medicaments, per aprofundir en coneixements de tecnologia i ciència, per ajudar amb beques o préstecs gent que necessita diners per menjar, per aixoplugar-se, per viure. Però de cap manera puc admetre que els meus diners serveixin per subvencionar diaris, actes polítics, festivals de música catalana, cinema en català o cants de sirena.

La pregunta no és tant si Catalunya pot plantejar-se ser independent o no, com saber quin model de Catalunya s’està pensant i si aquesta Catalunya es mereix ser independent. Quin és el projecte de país en què s’està pensant? Si es tracta de repetir els motlles del que tenim, no val la pena fer ni un pas. No anirem del foc a les brases. Si la idea és que l’oligarquia catalana remeni les cireres i com que n’hi haurà més (de cireres per remenar), en sobraran més per al poble, a mi no m’hi trobaran pas en aquesta aventura. A mi em cal saber per què volem la llibertat. Llibertat, per a què?, per a fer què? Si a continuació algú m’hi escriu «per assolir la igualtat entre tots» i «per promoure la fraternitat universal», ho veuré més clar.

Vull somniar que un dia viuré en un país que no entendrà de privilegis, que valorarà la gent pel que és i no pel que té, un país model de democràcia i drets humans (dret a l’habitatge, al treball, a l’educació pública i gratuïta, a la sanitat universal i gratuïta, a un salari mínim…); un país que serà model per a veïns i nacions… Vull somniar que els fills dels treballadors podran estudiar a les universitats perquè seran becats; que els pensionistes accediran a les teràpies i a les medicines amb facilitat i amb gratuïtat; que els hospitals i escoles públiques són dels millors del món. Vull somniar en un sistema polític participatiu, per barris, amb gent que opina, que s’involucra i que treballa pel bé comú. Vull creure que el meu país pot ser model d’integració, d’igualtat i de solidaritat.

No puc creure en una Catalunya plena de senyeres, sardanes, balls de bastons o castellers, si ningú no m’explica quin és el farciment del pastís. Tinc tota la impressió que fa temps que només s’està parlant de la decoració del país. Jo vull un país de debò; un país per a tots; un país amb esperança i il·lusió. Fer un país no és només qüestió d’independitzar-se; un país es fa dia a dia, amb la gent i per a la gent.
Bé prou que m’adono que són tantes les renúncies que s’hi han de donar; tants rics que han de renunciar al seu déu Mides; tants egos que han de pensar en els altres; tants polítics que han de plegar…, que la Catalunya independent quasi és tasca impossible per a la classe dirigent i amb poder econòmic. Només el poble, que amb els seus impostos sosté l’estat, té la legitimitat , el valor i la força per exigir que els seus diners es dediquin a una o altra cosa.

https://www.diaridegirona.cat/opinio/2013/07/05/tota-legitimitat/624856.html

]]> https://xaviercomas.wordpress.com/2013/08/03/amb-tota-la-legitimitat/feed/ 0 xaviercomas EL ACCIDENTE INSURRECCIONAL https://xaviercomas.wordpress.com/2013/07/28/el-accidente-insurreccional/ https://xaviercomas.wordpress.com/2013/07/28/el-accidente-insurreccional/#respond Sun, 28 Jul 2013 08:38:40 +0000 https://xaviercomas.wordpress.com/?p=593

Advertir del riesgo de un accidente no significa necesariamente que vaya a ocurrir, ni mucho menos desear que tal cosa ocurra. Lo importante es analizar si se trata de un anuncio alarmista o, por el contrario, si hay bases sólidas en la argumentación. Por eso me ha sorprendido el escepticismo con el que han sido recogidas mis palabras cuando advertí, el pasado 3 de julio, en el marco de un diálogo que tuve el honor de realizar con el historiador José Álvarez Junco, organizado por la Fundación Diario Madrid, de que la situación en Cataluña es “explosiva” y que puede acabar en un “accidente insurreccional”. Dado el carácter principalmente histórico del diálogo, centrado en las relaciones entre Cataluña y el resto de España y en torno a las causas del actual desencuentro, me limité a apuntar únicamente tal posibilidad, aunque luego fue el asunto más destacado en los medios de comunicación y entre algunos comentaristas.

Quisiera ahora avanzar un poco más en este argumento e insistir en que el riesgo insurreccional existe porque, como ya expliqué tiempo atrás desde estas mismas páginas (Cataluña: utopía insurreccional o federalismo, 02/05/2013), el pacto que suscribieron CiU y ERC persigue justamente un choque de legitimidades. Entiendo por accidente o colisión insurreccional el intento de quebrar el orden constitucional. En realidad, toda la política nacionalista se dirige hacia ese objetivo y ha desarrollado una lógica discursiva que consiste en afirmar que hay una incompatibilidad manifiesta entre la democracia, entendida como la voluntad del pueblo, y la Constitución. Que existe una grave contradicción entre la legitimidad emanada de las últimas elecciones autonómicas (ratificada en todos los sondeos demoscópicos cuando se pregunta a los catalanes sobre el ejercicio del llamado “derecho a decidir”) y la legalidad española. Y que, frente a esa disyuntiva, la elección solo puede estar de parte de la democracia.

Siguiendo tal razonamiento, la promesa de llevar a cabo una consulta en el 2014 tiene que materializarse de forma imperativa y, por la misma razón, en caso de no ser posible, la alternativa no puede ser otra que la declaración unilateral de independencia, después o incluso antes de unas nuevas elecciones. Esta es la posición que ERC solemnizó en su última conferencia política el pasado 6 de julio: la llamada vía kosovar. Por supuesto no es un dato menor teniendo en cuenta el auge electoral que le pronostican las encuestas.

CiU no puede posponer la consulta de 2014 sin que le acusen de traición a la causa soberanista

Por su parte, Artur Mas repitió hace unas semanas su deseo de culminar la legislatura, y por ahora sus movimientos parecen tendentes a relativizar las prisas de sus socios parlamentarios. La carta a Mariano Rajoy solicitando solemnemente la consulta, y que, según el pacto que suscribieron CiU y ERC, tenía que haberse cursado antes del 30 de junio, todavía no se ha efectuado. Ahora bien, el presidente de la Generalitat no ha descartado taxativamente ningún escenario, particularmente el de unas nuevas elecciones, a las que podría verse obligado si le fallase el apoyo de los republicanos, sobre todo si estos considerasen que el proceso soberanista corre el riesgo de entrar en una vía muerta o si las perspectivas electorales les fueran aún más favorables.

Además, hay que tener en cuenta que los políticos y los partidos no son los únicos actores en el tablero catalán, pues la presión del entramado asociativo secesionista es enorme, como se puso de manifiesto recientemente en el Camp Nou y, en septiembre próximo, con la espectacular cadena humana de 400 km prevista para la Diada. Asociaciones como la Assemblea Nacional Catalana y Òmnium Cultural se han transformado en un auténtico Ejército de Salvación que moviliza a miles de personas en toda Cataluña: realizan marchas propagandísticas en los barrios del cinturón barcelonés, ponen paradas todos los fines de semana en mercados y lugares céntricos, forman banderas estelades gigantes o encienden miles de velas en las plazas de los pueblos, ofreciendo una imagen romántica de este momento que consideran histórico.

Así pues, el primer escenario potencialmente insurreccional gira en torno a la anunciada consulta. Aunque CiU no se atreviese a llevarla a cabo por muchas razones, empezando por las discrepancias en este punto con Unió Democràtica y su líder Josep Antoni Duran Lleida, va a tener que teatralizarla, como si de verdad fuera a hacerla, pues no puede anunciar que la pospone sin que le acusen de traicionar la causa soberanista. Esto significa que durante los próximos meses todos los pasos del llamado proceso de transición nacional van a seguir dándose: se aprobará la ley de consultas, incluyendo el desarrollo de una autoridad censal propia, se seguirá calentando motores en la sociedad civil mediante una estrategia envolvente a favor del derecho a decidir (como si de un derecho natural se tratase, al margen del derecho positivo), e impulsando iniciativas más propias de regímenes populistas que de una democracia liberal, como el rectificado registro de “adhesiones”. Lógicamente, la radio y la televisión pública catalana van a seguir implicadas al máximo en la difusión propagandística. El secesionismo seguirá cabalgando al galope, de manera que cuesta mucho ver de qué forma CiU va a poder frenar en seco para evitar el desbordamiento insurreccional sin que cunda entre los suyos la sensación de abandono o frustración. Si a la lógica argumentativa sobre la radicalidad democrática le sumamos las acciones políticas y de agitación, me temo que el riesgo de que el proceso desborde a los propios actores, principalmente a Mas, es bastante alto. Al final, la suma de palabras y gestos siempre tiene consecuencias.

Se equivocan los que creen que la debilidad parlamentaria de Mas dejará el envite en nada

El segundo momento potencialmente insurreccional es el de unas elecciones anticipadas, que el secesionismo convertiría en plebiscitarias en torno a la candidatura de ERC. Hay que tener en cuenta que Mas apenas tiene margen de maniobra para pactar un apaño con Mariano Rajoy, y que se lo ha puesto muy difícil al PSC para que este le preste su apoyo hasta el 2016. Además, el año que viene es el del tricentenario del 1714 y la política va a servirse a golpe de emociones. Así pues, sin consulta posible y con una escapatoria parlamentaria muy complicada, los argumentos van a caer del lado del “tenemos prisa” y “ahora o nunca”. Consecuentemente, en unas elecciones anticipadas tanto el partido de Artur Mas, CDC, como el de Oriol Junqueras, ERC, concurrirían con un programa secesionista muy explícito y, en caso de alcanzar la mayoría absoluta, procederían a realizar una declaración unilateral de independencia, esperando el socorro de algún tipo de mediación europea o internacional, pues se muestran convencidos de que “el mundo nos mira”. Estaríamos ante un escenario desconocido y, sin duda alguna, claramente insurreccional, pues de consolidarse quebraría la Constitución de 1978.

Tengo la impresión de que en Madrid sigue predominando una cierta negación de la realidad, de que pese a la conmoción que ha provocado el envite soberanista, a menudo se prefiere mirar a otro lado, sin reflexionar seriamente sobre las fortalezas de la estrategia independentista. Se asume que la situación es grave, pero se sigue privilegiando la mirada sobre los actores políticos, lo cual lleva a centrar el análisis en la debilidad parlamentaria de Mas y a concluir que “esto acabará en nada”. Ciertamente, todos los escenarios son posibles, pero los protagonistas son cada día más prisioneros de las expectativas creadas y de sus gestos, también del contexto; y, en este punto, el año que viene es diabólico. El cambio de ciclo económico, al que Mariano Rajoy lo fía todo, si realmente llega, va a tardar mucho en notarse. Y la carga historicista del tricentenario va a empujar a la política catalana al romanticismo y la agonía. Finalmente, si alguna cosa no se pueden permitir los soberanistas es que en el 2014 no ocurra nada, aunque sea una nueva derrota que conmemorar. Por todo eso, el accidente insurreccional me parece bastante más que una posibilidad.

Joaquim Coll es historiador.

https://elpais.com/elpais/2013/07/09/opinion/1373398313_112249.html

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