Capítulo primero.
Contemplaba el monótono camino de las hormigas sobre un arenoso suelo. ¿Acaso entendí que la negación a la exclusión o el contacto repetido con cada una de sus compañeras era la base de su sociedad sobre la cual mis pies se hallaban? Estando en ese cuestionamiento el fugaz traslado de la sombra de un ave me obligó a inspeccionar el cielo; cerré mis párpados, miré hacia arriba y como alegoría platónica mis ojos tardaron en regular la luz de los rayos del sol; el tiempo no existe. Mi cuerpo olvida respirar en situaciones de tal despeje. Sigue leyendo