Uno a veces debe irremediablemente elegir entre todo lo que quiere hacer y todo lo que puede. Pues este es mi caso por estos días. Como siempre, quiero hacer más cosas de las que puedo y como hoy por hoy no puedo con todo, me decido por las más inmediatas, las más cercanas a mi cotidiano, las que me satisfacen los sentidos y el alma en sus bases más primarias pero que son las que ofician de ancla en esta vida, al menos para mí.
Por eso no puedo seguir con las publicaciones regulares en un blog, lo que no quiere decir que deje de darme el gusto de disfrutar de los excelentes espacios de mis queridos amigos (y de amigos suyos que han tenido la generosidad de acercarse recientemente a este blog, como Ruben García, ni mucho menos que deje de escribir.
Ya he mencionado anteriormente que estoy «tapada de cosas» por hacer y cada una demanda su tiempo. Además tengo como mandamiento un llamado de atención marcado a fuego por mi madre desde la primera infancia «las cosas se hacen bien o no se hacen»…y este blog es lo que hoy por hoy no puedo hacer bien (no como yo quisiera). Todo ha cambiado en mi entorno particular desde que empecé los blogs hasta hoy y también en el momento social de mi país, momento del que no solo quiero ser espectadora, sino testigo concienzuda, cuando no participante directa. Así que con mi escaso tiempo libre, a la pila de libros por leer, de apuntes por estudiar sobre cosas que quiero y necesito aprender, de películas interesantes por ver, se me suma una pila de información por asimilar de tal forma que el tiempo que puedo dedicar a esta actividad prefiero invertirlo en seguir disfrutando de espacios amigos.
Como ya dije, no puedo seguir manteniendo este espacio, pero si voy a seguir visitando a los amigos (y comentando por supuesto).
Ahora bien, a mí no me gusta mucho que me dejen las historias huérfanas, que una cosa son los finales abiertos y otra quedarse a la mitad de una historia sin saber qué pasó con sus personajes, así que acá escribo un pequeño extracto sobre lo que ocurrió con Carmen y Paca:GRACIAS A TODOS Y LOS VEO EN SUS BLOGS!
Luego de la pelea, Carmen y Paca pasaron a ser como dos personas que apenas se conocen. La Señora García quedó viuda el día de la pelea y murió al poco tiempo, semanas después que se casó Paca con José y se fueron a vivir al pueblo grande más cercano.
Carmen se casó con Lorenzo y fueron inmensamente prósperos en esas tierras: se centraron en la cría de animales, montaron un tambo que abastecía un amplio y vasto territorio de la zona sur de la provincia.
Paca fue reconocida por una antiguo paisano suyo que la puso en contacto con una hermana (Ana) de España, tan perdida como ella, que quería venir para estas tierras y así fue que la trajo a sus pagos. Ana se casó con el medio hermano de José (Henry) quien había sido criado por su madre y fue conocido como «el Vasco Henry» (aunque nadie supo nunca exactamente dónde había nacido), un hombre bueno, que se negaba a hablar en español y se mantenía firme en su intrincado dialecto.
Lorenzo encontró a un primo suyo que andaba por esas tierras buscando instalarse con su flamante esposa Catalina Salvatierra y terminaron en una pequeña parcela lindera con las tierras de Lorenzo y Paca quienes a esas alturas habían incrementado sus propiedades comprando los lotes vecinos.
Paca y José llevaban una vida modesta y monótona, sin lujos, ni comodidades, ni grandes carencias. Tuvieron 5 hijos en los 7 años que duró su matrimonio hasta que José murió de repente, joven, nunca se supo por qué.
Seis meses después de la muerte de José sobreviene la muerte de la hermana de Paca en el momento en que paría a su sexto hijo.
Cinco meses después de eso Paca y Henry se casan, venden todas sus propiedades y compran un islote pequeño en el río que atravesaba el pueblo, donde se dedican a trabajar los frutales. Amalgaman la familia asegurándose que cada tarea sea realizada por un hijo de Henry y uno de Paca, sin diferencias. Tuvieron 5 hijos más.
Paca se sintió perdidamente enamorada de José, tanto como después se sintió enamorada de Henry. Los dos fueron hombres buenos con ella (único requisito que Paca necesitaba para enamorarse), así que puede decirse que fue feliz.
Carmen y Lorenzo tuvieron unos siete hijos (y se rumorea que algún otro tuvo por ahí Lorenzo a lo largo de los años). El tiempo con ellos no fue benévolo. La misma pasión y arrebato que los unió al principio, los fue distanciando, avinagrando después. Lorenzo comenzó el círculo vicioso de jugar por las noches en un garito del pueblo, Paca se enfurecía, Lorenzo se ensimismaba más y seguía jugando y así en una espiral descendente que los sumió en la más absoluta miseria en poco tiempo, Más de la mitad de lo que había acumulado, lo perdió en el juego. Las tierras y sus títulos los perdió por una estafa que le hizo su primo y la esposa de este, quienes aprovechándose de un momento de depresión y de su escaso conocimiento, luego de emborracharlo (que poco le costaba a Lorenzo) le hicieron firmar un documento mediante el cual ellos se quedaban con los títulos de las tierras.
Lorenzo murió o se dejó morir pocos meses después de que perdió todo. Le explotó el corazón en el pecho de amargura. Paca trabajaba de lo que podía, limpiando casas mayormente, y sus hijos de mandaderos, o peones, o lo que pudieran y así fue como se fueron desparramando temprano por estas vastas tierras. Solo uno se quedó en el pueblo y vivió con ella hasta el final de sus días, los que pasó sobrellevando una vejez larga y dolorida, con más dolores del alma que del cuerpo los cuales calmaba con unas botellas de ginebra que escondía en los aljibes.
Mucho, pero mucho tiempo después de todo esto, sobre un entramado de historias muy, muy humanas (con todas sus glorias y miserias dándoles cuerpo) una nieta de Paca se casó con un nieto de Carmen y tuvieron entre sus dos hijos a quien hoy escribe estas lineas, y se despide de las publicaciones en los Blogs, mientras va tratando, entre otras cosas, de aprender mucho para poder plasmar estas historias en otro formato.
