HTTP/2 200
server: nginx
date: Mon, 26 Jan 2026 10:19:08 GMT
content-type: text/html; charset=UTF-8
vary: Accept-Encoding
x-hacker: Want root? Visit join.a8c.com/hacker and mention this header.
host-header: WordPress.com
link: ; rel="https://api.w.org/"
link: ; rel=shortlink
vary: accept, content-type, cookie
content-encoding: gzip
x-ac: 2.bom _dca MISS
alt-svc: h3=":443"; ma=86400
strict-transport-security: max-age=31536000
server-timing: a8c-cdn, dc;desc=bom, cache;desc=MISS;dur=640.0
Un gato mas en la ciudad – To bit or not to bit
Soy adicto a los poemas cortos. Esos que te puedes beber, aún humeantes y con aroma a papel, entre sorbo y sorbo de un buen café; en una mesa con vistas al mundo que pasa, sin prisas, dentro de ti; y qué te dejan con ganas de pasar la página… y leer otro café.
«Look at the shell that is you Empty, fragile, weak» Dark tranquility
He venido a refugiarme del próximo minuto de mis pensamientos. He venido a proteger mi calma, con un sorbo de aire que viene… con un sorbo de aire que va… de no se que sombra de no se que peligro de no se que amenaza. Quizás sean todas; quizás ninguna. Quizás sea el miedo a los recuerdos que cuelgan en mis cuatro paredes -estas cuatro paredes-: a la inseguridad de no poder mantenerlos alejados de lo oscuro. Quizás el temor a mis juicios, a mis deseos, que ya parecen practicar el mismo acto suicida, jugar a la misma simulación de apatias. He venido buscando refugio quién sabe a donde -ya no reconozco este sitio- intentando encontrar, al menos un latido, que no se abandone a la inercia; aspirando recobrar la autosuficiencia en algún sentido que aún recuerde la sensación de estar cuerdo; pretendiendo salvarme, tal vez, de mi mismo, o de algún otro yo que me acecha, inoportuno, ahí fuera, aquí dentro.
«Camina hace mil años hacia una orilla de agua prometida, hacia la yerbecita tierna de un espejismo… « Dulce María Loynaz
El desierto, apenas, ha empezado a recordarte. Y tú continúas bebiendo de esa agua que sabes no te quitará la sed –del camino–. Al menos ese estar sediento de un horizonte impreciso; esa ansia obstinada por recuperar el deseo del espejismo. ¡No bebas! Terco animal incapaz de predecir la sequia que se avecina; la tormenta de arena. ¡No bebas! Pues solo retendrás el jugo árido de algún fugaz placer que no aclarará tu garganta; que abrasará la voz hasta dejarla desnuda de anhelos: sin palabras, sin sonidos; ronca de vida.
Todo se resume a esto: esperar por el hacha con inmóvil paciencia. Mientras tanto vas bebiendo, embriagándote de lluvia en tu sedienta rutina; curtiéndote al sol sin permitir a las sombras más alivio que el pactado; aprendiendo, conformando la apariencia en cada viento aunque su furia te espante; soñando -¡¿despierto?!- con unas raíces que te consientan saltar más allá de esos anclajes que te mantienen a salvo.
El animal se alimenta de cualquier sobra. Devora, revienta la materia en la etérea estructura que le dejó el tiempo. Siempre con hambre nueva, con caprichoso apetito; que deja un sabor inexacto, extrañamente conocido. Levanta la cabeza, solo para asegurar que en su soledad no hay peligro. Se huele; reconoce su gula. Olvida por la conveniencia de un mordisco más seductor, delicioso. Confía; y continúa engullendo hasta satisfacer su deseo.
No fue tu sombra la que encontraste, Peter. Esa oscuridad, que va y viene en los desvelos, le es ajena a tus pasos; no siente la claridad con el ánimo para despertar libre, optimista, inocente a cada mañana; y se arrastra lenta e indecisa por esas ilusiones que aún recuerdan su aspecto. ¿Fue un descuido del deseo, que en su afán por crecer salvando lo ingenuo en los besos, olvidó abrir su ventana; la obsesión por comprender la luz desde la imagen de un niño? No fue tu sombra la que encontraste, Peter. Fue solo un triste reflejo que le mintió a tu abandono; el eco de un falso brillo, agotado, que buscaba apagarse para irritar a los sueños; una raíz oscura, rancia y tozuda que nunca supo volar.
Interpretación de «Sol de Mañana» de Edward Hopper para portada de «La desaparición de Stephanie Mailer«
“Ven noche Suene el reloj Los días pasan Yo no.” G. Apollinaire.
Me muevo ajeno a cualquier calendario. Los días son sumas de las mismas palabras; restas de tiempo sobre sus hojas en blanco. Ando con sueño de este mundo; con pereza de cualquier otro. Tengo el espíritu cansado y los hombros que ya no sostienen ni el peso del aire. Mantengo abierta la ventana que me cuenta la noche y el día; una abertura para contemplar las direcciones del viento; los caminos por los que algunos van y otros vienen -el sentido lo imagino con la voluntad del aliento- por los que algunos se van, y otros… ¡qué más da! ¿Valdrá la pena seguir adivinando, en números y fórmulas, con frases caducas que regurgitan su ira, este infinito que se alarga repitiendo los pasos; el avaro universo que solo compensa mi vista extenuada, la mente irascible, el músculo apagado, con unos soles fugaces?
Me muevo ajeno a cualquier calendario. “Los días pasan, yo no.”
Suena la campana de los nuevos sacerdotes. Trae fuego y destrucción con un sonido caduco; deseos de amputar la historia monumento a monumento: sus partes bien escogidas por la censura de moda.
Suena la campana de los nuevos sacerdotes. Son novatos espontáneos, improvisados tenores de la verdad, que voraces de oportunismo amplifican la voz para ver si su rabia hace eco más allá de la espuma, del gruñido. Esos que solo conocen las palabras para el insulto; el sudor -ajeno- para la tertulia en sus modernas capillas. Los que visten la sotana para lanzar piedras al arte porque su religión lo permite; y esparcen un subversivo sermón que creen inmune a réplicas y razones.
Suena la campana de los nuevos sacerdotes. Quieren amparar su rumor bajo la libertad y el derecho; pero silencian la sensatez en cada pedazo de vida, y consideran obsceno un pasado que vibre ajeno a su credo.
Suena la campana de los nuevos sacerdotes. ¡Cerrad puertas y ventanas! -por si acaso-
Olvídate, por un día, de los sonidos asépticos del aire. Descarta el vuelo de los ángeles si van vestidos de musas; no pronuncies sus nombres ni conjures la excelencia de sus artes. Retén esa inspiración de amaneceres inmunes vacunados contra la censura -aunque salga de ti esa condena-. Extravía el frescor de tu lírica cristalina: los desamores, la soledad y la nostalgia, pueden esperar. Baja, al menos una vez, a mezclarte con el barro de las sinrazones terrenas; que se camuflen tus sentidos con cada mota del limo que quedo en esos escombros -quizás encuentres justicia-. Ensúciate; contamina tu piel con el polvo acumulado en las ruinas que dejó el silencio; seguro que aciertas y descubres la causa donde tu grito es más fértil. Y cava; rebusca en las infamias hasta que se desmayen tus dedos de la erosión; hay verdades ocultas bajo capas de miedos que necesitan un canto, ver luz; o sentir el arropo de alguna palabra que no le importe el peligro.