«Función y campo del dinero en el psicoanálisis»

punctum«»studium 2.0

Seminario-Taller de Lectura en Psicoanálisis

Los martes, 20 h CDMX / Vía Zoom

Informes y registro Inbox

¿Y no es la responsabilidad que implica su transferencia
la que neutralizamos haciéndola equivaler al significante más
aniquilador que hay de toda significación, a saber, el dinero?
Lacan, Seminario sobre La carta robada

1. Pago e inscripción simbólica

El pago no es una transacción económica cualquiera: introduce al sujeto en el orden simbólico del intercambio (Lévi-Strauss). El dinero, en este contexto, se vuelve significante del deseo, aquello que se entrega a cambio de lo que no tiene precio. Freud (1913) ya advertía que el pago evita la confusión con la amistad o la beneficencia, protegiendo así el estatuto singular del lazo analítico. Un lector de Lacan diría que el pago sitúa la palabra en un marco que la separa del “bla, bla, bla” cotidiano: le confiere valor de acto.

2. De la responsabilidad subjetiva

Pagar implica asumir una posición activa en el proceso. El analizante deja de ser un receptor pasivo de ayuda para volverse sujeto implicado. Lo que se paga no es el tiempo ni la escucha, sino el propio deseo de poner en marcha lo inconsciente.

El dinero, en tanto significante privilegiado, opera como garante de este compromiso psíquico: simboliza la entrada del sujeto en el circuito de su propia responsabilidad.

3. Desvinculación del amor de transferencia

La transferencia constituye, en cierto modo, un cierre del inconsciente; de ahí que el pago permita delimitar sus bordes. Sin ese límite, el lazo podría confundirse con el amor o la dependencia afectiva. Al pagar, el analizante reconoce que el vínculo no se sostiene en la gratitud, sino en el acto analítico mismo.

El pago corta la ilusión de que el analista “da” algo que debe ser retribuido con amor, lealtad o sumisión: en su lugar, restituye la asimetría estructural que sostiene la transferencia.

4. El dinero como equivalente del deseo

El pago en análisis hace nudo con aquello que circula como signo de valor (Marx) y revela la forma en que el sujeto se relaciona con la pérdida y la deuda (Freud). Cada pago reactualiza la pregunta inconsciente: ¿Qué valgo? ¿Qué doy? ¿Qué pierdo al desear? Che vuoi? (Cazotte).

Incluso las dificultades para pagar o el modo de hacerlo son material clínico valioso, donde el inconsciente se escribe a través del gesto económico.

De Molière a Shakespeare, de Poe a Lacan, la comedia y la tragedia del dinero revelan siempre algo del deseo y su falta.

5. El pago preserva el encuadre

El pago delimita el marco analítico, fijando un contrato simbólico que protege el espacio del deslizamiento hacia la charla o la confesión. Hace posible la constancia del lugar del analista, que no depende del humor ni de la necesidad del sujeto.

El dinero, lejos de corromper la relación, la hace posible como relación de discurso: una economía que se sostiene en la palabra y no en la deuda imaginaria.

6. El valor de lo que no tiene precio

Paradójicamente, pagar da valor a lo que no puede comprarse: la palabra, el inconsciente, el deseo. El acto de pagar introduce la diferencia entre el valor de cambio y el valor de verdad.

Lo que se compra no es una hora de consulta, sino la posibilidad —siempre incierta, siempre fecunda— de que algo del sujeto se produzca, algo que no puede medirse, pero sí transformarse.

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FANTASMA… Adoquín #12/09/25

Cooper: «Cuando eres PADRE, eres el FANTASMA de tus hijos» (Interestelar, 2014, Nolan).

Voz en off: «Un FANTASMA, es un evento condenado a repetirse una y otra vez» (El espinazo del Diablo, 2001, del Toro).

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El Ritual del Yo: Una lectura psicoanalítica de «Perfect Days», Wim Wenders (2023).

A Antonio Sáizar Nova.

“Hay días perfectos… pero no sabes que lo son hasta que ya pasaron”
— Perfect Days, 2023

En una Tokio que respira lento, donde el concreto se curva con elegancia y los baños públicos son obras de arquitectura silenciosa, un hombre vive. No aspira, no escala, no explica. Limpia. Escucha música. Fotografía sombras de árboles. Su nombre es Hirayama, y lo acompaña un semblante [Lacan] que no busca ocultar, sino permitir el paso de algo más profundo: su forma de estar.

Wim Wenders no nos entrega una biografía, ni una narrativa de redención. Nos ofrece algo mucho más radical: una existencia estructurada en torno a la repetición [Freud]. Cada gesto —lavar el lavabo, barrer las hojas secas, preparar un desayuno— se convierte en parte de una liturgia laica.

Un ritual del yo.

No se trata del yo imaginario [Lacan] que se alimenta de imágenes, logros o validación. Tampoco del yo del yoicismo moderno [Coaching] que confunde singularidad con ruido. Este ritual es otra cosa: es el cuidado de un borde [Literaturre, Lacan]. Una práctica que, sin decirlo, sostiene al sujeto ante la ausencia de un relato total.

El semblante como refugio.

Desde Lacan, podríamos decir que Hirayama habita un semblante depurado [Seminario 18, Lacan]. No busca nombrar el deseo, sino dejar que se inscriba en lo cotidiano. El semblante no es engaño, es marco simbólico. Es lo que permite que algo del sujeto se mantenga en juego sin quedar aplastado por lo real. Hirayama no actúa. No se interpreta a sí mismo. Se sostiene. Y eso, en los tiempos que corren, es una forma de resistencia ética.

El objeto, la sombra, lo mínimo.


Cada fotografía que toma no captura la realidad: la salva. Como si en cada imagen pudiera preservar una pequeña verdad sin tener que decirla. No busca belleza. Busca resonancia. Lo que queda cuando la palabra no alcanza, pero tampoco hace falta. Como si en el claroscuro de esas ramas proyectadas sobre el concreto pudiera leerse algo del alma sin nombrarla.

El llanto y la sonrisa: la grieta final.

La última escena, donde Hirayama llora mientras sonríe, es una de las más conmovedoras del cine reciente. No hay explicación. No hay cierre. Solo un instante en el que el semblante se fisura [un sujeto barrado], no para desmoronarse, sino para dejar pasar un exceso: lo real, el goce, la memoria, el amor, la falta. Lo que sea. Lo que no se dice.

Vivir sin poseer.

Perfect Days no es una oda a la soledad, sino a una forma de estar sin poseer. A vivir como quien cuida algo que no le pertenece del todo: el tiempo, el cuerpo, el mundo. Hirayama no nos enseña a renunciar. Nos recuerda que quizá, en lo más pequeño, aún se pueda encontrar una forma digna de estar vivos.

¿Y tú?
¿Tienes un ritual que te sostiene en lo invisible?
¿Una repetición que no anestesia, sino que te da forma?

Tal vez el yo [moi] también pueda ser tu jardín.

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Derrida & Japón… del tattoo y del «ductus».

Existen pocas conexiones deconstructivas de Jacques Derrida con el Japón, las más directas las hayamos en De la gramatología (Siglo XXI, 1971), en El tiempo de una tesis (Proyecto a, 1997) y en una nota a pie de página de Monolingüismo del otro (Manantial, 1997).

En este último nos relata que mientras revisaba las pruebas para la impresión de este texto, observaba una película japonesa de la cual no sabía su título, yo lo averigüé… es «Irezumi» (入れ墨)[1] un filme de 1982 dirigido por Yōichi Takabayashi.

Narra la historia de la bella Akane, una bibliotecaria que accede a recibir un tattoo en la espalda para satisfacer a su amante obsesionado, él ya mayor… salaryman… de nombre: Fujeda.

También formarán este cuadrángulo de pasión el viejo maestro tatuador Kyogoro, quien emplea una técnica íntima con su aprendiz (e hijo) Harutsune para mitigar el dolor de Akane.

El dolor y el placer crean su aleación: el goce.

El tattoo se realiza a lo largo de varias sesiones semanales, representando la transformación personal de los tres (más uno) personajes, pasando por el dolor, el poder y la redención. El filme nos adentra al sadomasoquismo simbólico y posesión imaginaria, pasando por la ritualización del cuerpo femenino y su autoafirmación personal.

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Respecto al tattoo, vemos una escena dramática en la espalda que combina un dragón en combate con un espíritu o agua fantasmal, quizás un suiryou (espíritu del agua), ocupando casi toda la espalda y extendiéndose hacia las nalgas, el mismo cobra vida a lo largo del relato. La fotografía es mayormente monocromática, pero el diseño progresa en vivos colores —rojo, azul, verde— destacándose frente al tenue entorno es un tatuaje de cobertura completa del dorso de Akane, bordeando también la zona glútea, al final es una pieza monumental en su cuerpo.

Simbólicamente representa una fusión de dolor y placer, la creación artística que emerge de la violencia erótica y que para el sensei Kyogoro, el gesto de tatuar mientras Akane yace sobre el aprendiz lleva al diseño de una “fuerza espiritual” —un yin‑yang de existencia que se alimenta del dolor y la pasión

Derrida lo comenta así:

(…) cuenta la historia de un artista del tattoo. Su obra maestra: un tattoo inaudito con que cubre la espalda de su mujer al hacerle el amor por atrás, ya que comprende que ésa es la condición de su «ductus«. Lo vemos hundir la punta de su pluma hiriente mientras la mujer, echada boca abajo, vuelve hacia él un rostro suplicante y doloroso. Ella lo abandona a causa de esta violencia. Pero más adelante le envía, sin que en principio el hombre lo reconozca, el hijo suyo que llevaba en su seno, para que, a su vez, haga de él un maestro del tattoo. De allí en más, el padre artista sólo podrá hacer sus obras en la espalda de otra 1nujer acostada sobre su hijo, un hijo bello como un dios, un hijo al que todavía no reconoció, pero a quien llama por su nombre en cada momento de gran dolor; llamado que es una orden, para que en compensación dé más placer a la joven, soporte o sujeto de la operación, tela sufriente, pasión de la obra maestra. El desenlace es terrible; no lo diré, pero sólo sobrevive la mujer, y por lo tanto la obra de arte. Y la memoria de todas las promesas. Ella no puede ver directamente y sin espejo la obra de arte que lleva en sí. pero ésta subsiste en su mismo cuerpo, al menos por un tiempo. Permanentemente por un tiempo limitado, desde luego.

Lo que me interesa resaltar aquí es es el concepto de «ductus» enfatizado en el recuerdo de Derrida, en tanto que el sensei Kyuogoro «comprende que ésa [la posición de la mujer al ser tatuada][2] es la condición de su «ductus«», «ductus» de Kyogoro y no de Akane, esto es importante.

La palabra «ductus» es un latinismo derivado de dûco: hacer seguir, llevar hacia. Entonces ductus es la acción de llevar, conducción // administración del gobierno, mando (del ejercito) // trazo, trazado, rasgo // conexión, estructura (de una pieza teatral) // periodo[3].

Con Derrida podemos considéralo como la Ur-firma, si me permiten la expresión.

Por ejemplo, un especialista en Picasso podrá determinar si un hallazgo de un dibujo o pintura inédita (y sin firma) realmente fue autoría del pintor Malagueño[4].

Veamos algunas referencias.

En La verdad en pintura (Paidós, 2001) Derrida escribe:

El glosario o el trazo ˂attirail˃ de los cuales trato en este momento (tiron, tirar, tiroir, tirada) conduce al del trazo, induce justamente la duction e incluso el «ductus», ese trazo idiomático por el cual se reconoce un dibujante incluso antes de que firme con su nombre (…)

[…]


[1] El filme es difícil de encontrar, puede disfrutarse parte en YouTube:

[2] Corchetes míos.

[3] Vox. Diccionario Latino-Español / Español-Latino. México: Alianza Editorial, 1998.

[4] Opino que la idea puede extenderse a la escultura, la literatura, la música y quien sabe… hasta la archivología científica. Un ejemplo simple. Cuan leemos en “X” (antes Twitter) algún refrán, digamos de Freud… lo que llevamos años en esto no reconocemos su firma, es decir su autoría.

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“El Ramen y el silencio”


“Cuando cocino dashi, pienso en el análisis. En el tiempo que se necesita para que algo esencial emerja sin violencia.”

Así comienza el gesto de hacer un ramen que no grite con sal, sino que susurre con hondura. El alga kombu no se hierve; se retira justo antes, como ciertos recuerdos que rozan la conciencia sin invadirla. Los hongos se abren lentamente en el calor, como una memoria que necesita temperatura emocional para desplegar su sentido.

En este ramen hay cerdo cocido aparte, que no invade el caldo, y un huevo de seis minutos, justo en el punto donde la ternura aún resiste la estructura. Las verduras son añadidas al final, como asociaciones libres que no necesitan explicación, solo ser alojadas.

No se trata de suprimir el sodio como si fuera un castigo, sino de confiar en que el sabor puede aparecer sin saturar. Como en el análisis: lo esencial no está en lo estridente, sino en lo que se cocina a fuego bajo.

¿Qué pasa si escuchas lo que cocina lento en ti?

#RamenAnalítico #Psicoanálsis #PsicoanálisisYCocina #LaVíaLille #SaborSinSaturar #ElArteDelCaldo


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13 de abril de 1901

13 de abril de 1901, nace Lacan. Él, quien nos trajo a Freud de vuelta. Casi casi con la publicación de la Die Traumdeutung.

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Adoquín#95: Freud, dark-wave-goth

[Adoquín #95].

¡¿Ya no es el Freud de cuentos de hadas que imparten en la universidad, verdad?!

«Supongamos ahora que el objeto que brinda la percepción sea parecido al sujeto, a saber, un prójimo. En este caso, el interés teórico se explica sin duda por el hecho de que un objeto como este es simultáneamente el primer objeto-satisfacción y el primer objeto hostil, así como el único poder auxiliador. Sobre el prójimo, entonces, aprende el ser humano a discernir»

Sigmund Freud, 1895.

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Fuente: https://x.com/BauhausMovement/status/1814325422999384240

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Episodio Año 2004. De salvaciones, tentaciones, misterios y proyectos digitales multimillonarios.

Invitados: · Rodrigo García · Mauricio Montesinos: IG: @elpezdeoromx | FB: @PezdeOroMx | X: @pezdeoromx · Eduardo Cienfuegos IG: @_cienfuegos | LinkedIn: @ecienfuegos 🔔 ¡No olvides suscribirte y activar la notificación para conocer más historias, relatos y narrativas! #Narrativa #Relatos #Historias #Storytelling #Storydealers #PensamientoCrítico #Arte #Cultura #Política #Entretenimiento #Sociedad #Medios #Podcast #Narramesta

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Adoquín #75: La asociación libre ¿para qué?

«La otra cara del significante es lo que denominamos /asociación libre/. Ésta implica que (…) puede intervenir algo que haga saltar uno de esos significantes y que implante en su lugar otro significante que suplante al primero. Ahí reside la propiedad del significante»

Jacques Lacan, Seminario VI, El deseo y su interpretación.

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Taller Teórico-Práctico del Test Psicodiagnóstico de Rorschach

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Seminario Lacaniano Fijo.

#moleskine #bulletjournal #bulletjournal2008

El grafo del deseo.

Todos los martes, de 20 a 21 hrs vía Meet.

Seminario lacaniano sobre El deseo, la interpretación y otras cositas.

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Maestría y/o Seminario: Psicosis I.- Paranoia + Esquizofrenia.

Inicio 04 de septiembre 2024, 1900 hrs. (MEX). / Informes: humbertoisaac@hotmail.com

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«Más allá del Diván: «Aplicaciones del Psicoanálisis en la Cultura Popular y los Medios de Comunicación»», 1900 hrs. Modalidad en línea.

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Informes: humbertoisaac@hotmail.com

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Hamlet 3.0 o Sobre la procrastinación

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Sobre la Melancolía.

#Psicoanálisis #PsicoanálisisenMéxico #Guadalajara #Lacan #Derrida #Melancolía #Filosofía #Literatura #Escritura #Deconstrucción #PresentacióndeLibro #Conferencia

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El doble filo de la experiencia.

En la última sesión del Seminario VI, El deseo y su interpretación (1958-1959) Jacques Lacan abona sobre este tema:

Así se une el objeto a lo real, así participa de él. Digo lo real y no la realidad porque la realidad está constituida por todos los cabestros que el simbolismo humano, de manera más o menos perspicaz, ata al cuello de lo real en la medida en que hace de ellos los objetos de su experiencia. Lo propio de los objetos de la experiencia, observémoslo, es precisamente dejar de lado, como diría Perogrullo, todo lo que en el objeto escapa a esa experiencia[1].

En el campo de la clínica suele decirse, aquella o aquel psicoanalista: “tiene años de experiencia”, “es especialista en niños y adolescentes” o “ha trabajado en el psiquiátrico, sabe lo que hace” y en realidad estos benevolentes juicios no son del todo acertados.

La distinción entre lo real y la realidad es una de las primeras batallas que afrontamos los iniciados en el tema del psicoanálisis.

Cuando impartía clases en la universidad solía poner como ejemplo de esta distinción lo siguiente: “supongan que, en algún momento de la historia de la humanidad se convocó a un congreso de neuróticos para determinar lo que existe y lo que no. Bueno, pues en ese evento se efectuó un inventariado de lo existente y fue lo que pasó a denominarse «realidad», todo aquello que no quedó registrado es «lo real»”.

Dice Lacan: «La realidad está constituida por todos los cabestros que el simbolismo humano (…) ata al cuello de lo real». La palabra «cabestro» es formidable: «se trata del Ronzal que se ata a la cabeza o al cuello de la caballería para llevarla o asegurarla», el ronzal es la «cuerda que se ata al pescuezo o a la cabeza de las caballerías para sujetarlas o para conducirlas caminando»[2]

El simbolismo humano ata al cuello de lo real… «de eso se trata», intentamos inútilmente sujetar, conducir y domesticar[3] lo real mediante artefactos simbólicos (y lenguajeros), en la actualidad los más populares son los gadgets, pero afortunadamente se presentan situaciones que nos permiten «escapar de esa lógica del rebaño», como lo es… la locura.

Pero ¿qué pasa con la experiencia?

Bien, es clarísimo… no aporta nada, matizo… prácticamente nada (lacanianamente), ya que la experiencia nos “cabestra” los “especialismos” simbólicos y lenguajeros del “saber” clínico acumulado por años… quien tenga un poco de lectura recordará que filósofos, literatos, científicos, psicoanalistas, etc; se han maravillado observando la curiosidad infantil, l@s niñ@s se encuentran menos atad@s a la “experiencia”, ahí… en él… la experiencia es un «Aha Erlebnis», un descubrimiento, una maravilla…[4] y para que el clínico llegue a ese punto tiene, como decía Bruce Lee, que «vaciar su taza» o con Freud: «cada caso como uno nuevo».

Finalizo con Lacan:

Por esta razón, al revés de lo que se cree, la experiencia, la supuesta experiencia, tiene doble filo. Si ustedes, por ejemplo, tienen que resolver una situación histórica dada, sus posibilidades de cometer errores y faltas graves son tan grandes si se fían de la experiencia como si la desatienden, tan sólo porque fiarse de la experiencia es, por definición, justamente desconocer el elemento nuevo que hay en la situación presente.[5]


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[1] Lacan, Jacques. Seminario VI, El deseo y su interpretación 1958-1960), Paidós, Buenos Aires, p. 530. Segundo subrayado mío.

[2] https://www.rae.es/

[3] «Domeñar» a las pulsiones o al ello nos diría Sigmund Freud.

[4] https://www.english.hawaii.edu/criticalink/lacan/terms/ahha.html.

[5] Lacan, Jacques. Seminario VI, El deseo y su interpretación… p. 531. Subrayado mío.

Fuente imagen: https://twitter.com/archillect

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Tertulia en NARRAMESTA: ¿Cómo escapar de la lógica del rebaño?

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Lectura y trabajo [línea a línea] del seminario El deseo y su interpretación (1958-1959), de Jacques Lacan.

Lectura y trabajo [línea a línea] del seminario El deseo y su interpretación (1958-1959), de Jacques Lacan.

«Lo que parece más universal en Hamlet es la calidad y la gracia de su duelo.

Éste se centró inicialmente sobre el padre muerto y la madre caída,

pero para el acto V el centro del dolor está en todas partes,

y su circunferencia en ninguna, o en el infinito.

Harold Bloom

De los seminarios de La angustia La transferencia… no sería excesivo decir que los dos apuntan a la pregunta sobre el deseo.

Antes de llenarse la boca con la expresión «el deseo del analista» -innegablemente fundamental y bandera de batalla para Lacan durante toda su enseñanza- sería oportuno preguntarse… qué es el deseo.

A su respuesta le dedicó todo un seminario: El deseo y su interpretación (1958-1959), ahí vuelve a su artefacto del año anterior: el «grafo del deseo» (o «grama del deseo») para utilizarlo como rejilla de lectura al abordar algunos topics másentre otros:

Tres sueños:

  • La puesta a prueba de la tesis freudiana del «sueño como cumplimiento del deseo» a partir de un breve sueño de la pequeña Anna Freud.
  • Un sueño fundamental en la obra de Freud y que permite articular el lado defensivo del fantasma, se trata de aquel conocido como «padre que estaba muerto pero no lo sabía».
  • También otro clásico: «análisis de un sueño singular» de Ella Sharpe y que Lacan, por alguna razón, le dedica ¡cinco sesiones!

Un abordaje a la dramaturgia:

  • La lectura netamente lacaniana de Hamlet, pasaje crucial para captar la distancia entre el «duelo» según Freud y el «duelo» según Lacan, y finalmente cierra con un estudio sobre:
  • La dialéctica del deseo y su relación con el fantasma, lo que implica un revisión del objeto como causa de deseo y en consecuencia… ¡causa de interpretación!

En el 2019 con nuestro taller dedicado al seminario La transferencia…articulamos lo siguiente:

Sí, el lugar donde se pone en primer plano la pregunta por aquello que puede ser y respoder(se) al «deseo del analista» es… La transferencia, ¡en el concepto y el seminario!

Ahora en el 2023, agregamos que:

…ahí el deseo pivotea la transferencia y en consecuencia.- al acto analítico y su resto: ¡el analista!

Nuestro trabajo continuará con la misma estrategia:

(…) la antigua práctica griega del némein, que privilegiaba la lectura en voz alta, línea a línea. Tomamos en cuenta el contexto de cada párrafo, sesión, seminario y obra de Lacan, desestabilizando la cegadora evidencia del aforismo y el vetusto dogmatismo.

Estrategia de lectura oportuna para aquellos que deseen aproximarse por vez primera a un autor que se le considera complicado y hermético.

Y es que los seminarios de Lacan cuentan con esa característica que su amigo Alexandre Koyre encontraba en los Diálogos de Platón:

«carácter inacabado y exigencia de un esfuerzo personal por parte del lector-auditor».

Queda abierta la invitación a nuestro recorrido.

INICIO 02 DE DICIEMBRE

Frecuencia: sábados de 12:30 a 14:00 hrs. // VIA MEET
Coordina: H. Isaac Puertos Salinas
Información y registro: vía FaceBook InBox o humbertoisaac@hotmail.com

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Lectura y comentario del Seminario VI «El deseo y su interpretación» (1958-1959) [Reloaded].

Efectivamente, hace casi tres años de aquella lectura del SVI, ahora volvemos con nuevas experiencias que brindarán una lectura distinta (¡como siempre en Freud y Lacan!).

Lectura y trabajo [línea a línea] del seminario El deseo y su interpretación (1958-1959), de Jacques Lacan.

«Lo que parece más universal en Hamlet es la calidad y la gracia de su duelo.

Éste se centró inicialmente sobre el padre muerto y la madre caída,

pero para el acto V el centro del dolor está en todas partes,

y su circunferencia en ninguna, o en el infinito.

Harold Bloom

De los seminarios de La angustia La transferencia… no sería excesivo decir que los dos apuntan a la pregunta sobre el deseo.

Antes de llenarse la boca con la expresión «el deseo del analista» -innegablemente fundamental y bandera de batalla para Lacan durante toda su enseñanza- sería oportuno preguntarse… qué es el deseo.

A su respuesta le dedicó todo un seminario: El deseo y su interpretación (1958-1959), ahí vuelve a su artefacto del año anterior: el «grafo del deseo» (o «grama del deseo») para utilizarlo como rejilla de lectura al abordar algunos topics másentre otros:

Tres sueños:

  • La puesta a prueba de la tesis freudiana del «sueño como cumplimiento del deseo» a partir de un breve sueño de la pequeña Anna Freud.
  • Un sueño fundamental en la obra de Freud y que permite articular el lado defensivo del fantasma, se trata de aquel conocido como «padre que estaba muerto pero no lo sabía».
  • También otro clásico: «análisis de un sueño singular» de Ella Sharpe y que Lacan, por alguna razón, le dedica ¡cinco sesiones!

Un abordaje a la dramaturgia:

  • La lectura netamente lacaniana de Hamlet, pasaje crucial para captar la distancia entre el «duelo» según Freud y el «duelo» según Lacan, y finalmente cierra con un estudio sobre:
  • La dialéctica del deseo y su relación con el fantasma, lo que implica un revisión del objeto como causa de deseo y en consecuencia… ¡causa de interpretación!

En el 2019 con nuestro taller dedicado al seminario La transferencia…articulamos lo siguiente:

Sí, el lugar donde se pone en primer plano la pregunta por aquello que puede ser y respoder(se) al «deseo del analista» es… La transferencia, ¡en el concepto y el seminario!

Ahora en el 2020, agregamos que:

…ahí el deseo pivotea la transferencia y en consecuencia.- al acto analítico y su resto: ¡el analista!

Nuestro trabajo continuará con la misma estrategia:

(…) la antigua práctica griega del némein, que privilegiaba la lectura en voz alta, línea a línea. Tomamos en cuenta el contexto de cada párrafo, sesión, seminario y obra de Lacan, desestabilizando la cegadora evidencia del aforismo y el vetusto dogmatismo.

Estrategia de lectura oportuna para aquellos que deseen aproximarse por vez primera a un autor que se le considera complicado y hermético.

Y es que los seminarios de Lacan cuentan con esa característica que su amigo Alexandre Koyre encontraba en los Diálogos de Platón:

«carácter inacabado y exigencia de un esfuerzo personal por parte del lector-auditor».

Queda abierta la invitación a nuestro NUEVO recorrido.

INICIO 26 DE NOVIEMBRE

Frecuencia: domingos de 10:00 a 10:30 hrs // VIA MEET
Coordina: H. Isaac Puertos Salinas
Información y registro: vía FaceBook InBox o humbertoisaac@hotmail.com

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Derrida + Black Mirror

Un día como hoy pero de 1931 nació Jacques Derrida (A.K.A. El Négus).

El siguiente párrafo es la última nota a pie de mi tesis de maestría (Universidad de Guadalajara) y va como homenaje a mi filósofo de cabecera, habrá que leerla a dos manos, con el primer capítulo de la sexta temporada de Black Mirror: Joan Is Awful.

Que disfruten la lectura.

SalU2.

I.

Nota 52: Estoy al tanto que en De la gramatología se encuentra una “última justificación” para la expresión «no hay fuera-de-texto», no es posible abordarla aquí ya que rebasa mi interés filosófico. Se trata de un argumento literario: “Si consideramos, según el propósito axial de este e nsayo, que no hay nada fuera del texto, nuestra última justificación, por tanto,sería la siguiente: el concepto de suplemento y la teoría de la escritura designan, como tan a menudo se dice hoy, en abismo, la textualidad misma dentro del texto de Rousseau” (Derrida [1967/1978]: 207). Siguiéndole seríamos conducidos a comprobar que este «en abismo» señala la expresión francesa «mise en abyme», extraída del Journal de André Gide, quien en 1893 escribe en su diario: “Me complace no poco el hecho de que una obra de arte aparezca así trasladado, a escala de los personajes, el propio sujeto de esta obra. Nada lo aclara mejor, ni determina con mayor certidumbre las proporciones del conjunto. Así, en ciertos cuadros de Memling o de Quentin Matzys, un espejito convexo y sombrío refleja, a su vez, el interior de la estancia en que se desarrolla la escena pintada. Así en la Meninas de Velázquez (aunque de modo algo diferente). Por último, dentro de la literatura, en Hamlet, la escena de la comedia; y también en muchas otras obras. En Wilhelm Meister, las escenas de marionetas o de fiesta en el castillo. En La caída de la casa Usher, la lectura que le hacen a Roderick, etc. ninguno de estos ejemplos es absolutamente adecuado. Mucho más lo sería, mucho mejor lo expresaría lo que quise decir en mis Cahiers, en mi Narcisse y en La Tentative, la comparación con el procedimiento heráldico consistente en colocar, dentro del primero, un segundo «en abyme» [abismado, en abismo]” (Dällenbach [1977/1991]: 15). Derrida fue un apasionado lector de Gide durante varios años por lo que no es excesivo ligar la expresión gideana de «mise en abyme» con su proposición de “la textualidad dentro del texto”: “Y veremos que el abismo, aquí, no es un accidente, feliz o desdichado. Toda una teoría de la necesidad estructural del abismo se constituirá poco a poco en nuestra lectura; el proceso indefinido de la suplementaridad ha lastimado desde siempre a la presencia; desde siempre ha inscripto en ella el espacio de la repetición y del desdoblamiento de sí. La representación en abismo de la presencia no es un accidente de la presencia; el deseo de la presencia nace, al contrario, del abismo de la representación, de la representación de la representación, etc. El suplemento mismo, por cierto, en todos los sentidos de la palabra, es exorbitante. Rousseau inscribe la textualidad en el texto. Pero su operación no es simple. Usa de astucias con un gesto de cancelación: y las conexiones estratégicas así como las relaciones de fuerza entre los dos movimientos forman un dibujo complejo. Este nos parece representarse dentro de la manipulación del concepto de suplemento. Rousseau no puede utilizarlo a la vez en todas sus virtualidades de sentido. La manera como lo determina y, al hacerlo, se deja determinar por eso mismo que excluye de él, el sentido en que lo inflexiona, aquí como adición, allí como sustituto, unas veces como positividad y exterioridad del mal, otras como feliz auxiliar, todo esto no traduce ni una pasividad ni una actividad, ni una inconsciencia ni una lucidez del autor. La lectura debe no solamente abandonar esas categorías —que también son, recordémoslo al pasar, categorías fundadoras de la metafísica—sino producir la ley de esa relación con el concepto de suplemento” (Derrida [1967/1978]: 208).

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Un psicoanalista y su belleza neurótica: JAPÓN.

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Adoquín #67: el chiste como un retorno a la infancia [spoiler alert].

Gran final de El chiste y su relación con lo inconsciente (Freud [1905]):

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dav

Postdata; «El sujeto cosecha placer en la medida que con su chiste a conseguido sorprender al Otro, y se trata ciertamente del mismo placer primitivo obtenido del primer uso del significante por el sujeto infantil, mítico, arcaico primordial, que les recordaba hace un momento» Lacan, 04 de diciembre de 1958.

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Viñeta: menos phi

-¿Castración imaginaria dice?

-Sí.

-La vemos actuar cuando nuestra pareja, alguien que estimamos o apreciamos, hace un crítica a nuestro aspecto… a nuestra imagen… y queda como no integrable a nuestro yo (moi).

-Algo duro.

-Si carecemos del llamado «amor propio», sí… doloroso.

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De psicoanálisis y realidades / Narramesta T2E4

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La identificación… o siendo la víctima del amor (por uno mismo).

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El ojo en la cerradura: Maestro de maestros.- Lévi-Strauss.

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No procedo como un profesor

«En este comentario de pensamiento freudiano no procedo como un profesor. La acción general de los profesores, en lo concerniente del pensamiento de quienes enseñaron algo en el curso de la historia, consiste en general en formularlo de tal suerte que éste sólo aparece en sus aspectos más limitativos y más parciales. A eso se debe la impresión de respirar que siempre se tiene cuando uno se remite a los textos originales — hablo de los textos que valen la pena»

Jacques Lacan, 1960.

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Citas cruzadas: el animal, el número y el humano.

«Los animales tienen relaciones con el otro cuando les viene en gana. hay para ellos dos modos de tener ganas del otro: primero, comérselo, segundo: jodérselo. Esto se produce según un ritmo llamado natural, y que conforma un ciclo de comportamiento instintivo» 18 de enero de 1956.

«¿Por qué decimos que las demandas que están en ese otro plano se distinguen de las primeras que pueden ser aplazadas? En última instancia, decir que el deseo sexual en el hombre puede ser aplazado en sus efectos, en su pasaje al acto, no carece de ambigüedad. ¿Por qué en el hombre puede ser más aplazado que en los animales, donde no sufre tantos aplazamientos? Sin duda alguna, por una flexibilidad genética, pero en esencia por que sobre el deseo sexual está edificado el orden primordial de intercambios que funda la ley por la cual el número entra como tal, en estado vivo, a la interpsicología humana, o sea, la denominada ley de la alianza y el parentesco» 10 de junio de 1959

Jacques Lacan

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Bisonte de Altamira, España.
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A 101 años de «Psicología de las masas…» (1921).

Ayer hace un año presenté algunas puntuaciones para celebrar el centenario del ensayo de Freud: «Psicología de las masas (…)» (1921)

Invito a su lectura o relectura.

Por cierto la traducción de López Ballesteros pone «caudillo» ahí donde Etcheverry elije: «conductor».

La primera es más afortunada para una reflexión sobre los lamentables tiempos que corren en nuestro país.

Saludos.

I.

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La manía titubeante de Freud en agregar notas y luego quitarlas a sus escritos no cesó de producir joyas como esta:

«La angustia en los sueños, permítanme insistir, es un problema de angustia y no un problema de sueño».

Línea añadida a la Traumdeutung en 1911 y retirada en 1925.

Una pena.

Imagen: @archillect

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Sobre el «don» en Jacques (Lacan + Derrida) I.

Suele pensarse que de Jacques Lacan el seminario por antonomasia sobre el amor es La transferencia (1960-1961)… pero hay otro y trata no sólo del amor, sino del fondo de lo que encontramos (o perdemos, según el caso) del amor.

Entre noviembre de 1956 y julio de 1957 con los pre-textos de la relación de objetal, el fetiche, los casos de “la joven homosexual”, “Dora”, “Juanito” y “da Vinci”, Lacan va construyendo uno de sus aforismos más famosos: «amar es dar lo que no se tiene a quien no es».

Fecho cerca de 1995 el día que por vez primera escuche el nombre de Jacques Lacan.

Seguro fue clase de psicopatología en la Facultad de Psicología (UNAM), ahí el maestro Juan Carlos Muñoz Bojalil la dictaba en las últimas dos horas del tramo vespertino. A las diez de la noche salíamos mi amigo Jaime (QEPD) y yo con una serie de explosiones sinápticas que nos obligaban a acudir al Vips más cercano para comentar, repetir y rumiar las frases dichas por Bojalil sobre Lacan, Bataille, Lévi-Strauss, etc.

Una de esas que literalmente cambió mi vida fue la que está párrafos arriba: «amar es dar lo que no se tiene a quien no es», ésta donó una pausa a mi crisis existencial de los 25 años.

Con este aforismo quedé enganchado a lo que le tenía cierto recelo desde siempre: el psicoanálisis.

De niño mis padres me llevaron a terapia debido a unas microfobias, habrá sido entre 1977-1978 (justo cuando Jacques Derrida dictaba en París su seminario en la Ecole Normale Supérieure sobre el «don» (es gibt).

De esa terapia no recuerdo nada de su contenido, lo que es bueno.

Alguna vez leí el ensayo de un psicoanalista argumentando que los buenos análisis permanecían en el olvido y desde ahí seguían haciendo su trabajo.

De lo que sí recuerdo pertenece a su continente: la falda y las piernas de la psicóloga (yo no le llegaba más allá de su cintura), y también que mi padre me llevaba ritualmente los sábados a las 10 a.m. a su despacho de Avenida Insurgentes (D.F.)… seguramente le atraía la doctora.

(…)

Providencia, Guadalajara. Mayo de 2022

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«He aquí la objeción, es simple, si el principio de placer fuese el dominante absoluto, si fuese sin discusión posible el amo absoluto, ¿de dónde vendría el displacer del que la experiencia da testimonio de manera tan poco discutible? Sufrimos, dice esa experiencia» Derrida lector de Freud, 1975

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Punctuaciones al studium[1]: noviembre de 1956 y 1959.

Al fin un momento para volver a escribir en este blog, que encuentro tan grato y formativo.

La escritura es uno de los ejercicios espirituales que recomienda la filosofía antigua (Pierre Hadot).

Aquí iré anotando algunas ideas que me parecen importantes en la lectura que coordino sobre los dos talleres en torno al seminario 4 (La relación de objeto y las estructuras freudianas) y el seminario 7 (La ética del psicoanálisis) de Jacques Lacan.

No se trata de hacer lujo de sintaxis y redacción, sino transmitir la problemática a despejar en algunas de las sesiones.

Por ejemplo, resulta curioso que en los dos seminarios, en su primer sesión (21 de noviembre de 1956 y 18 de noviembre de 1959, prácticamente tres años después), se aborda el tema del principio del placer y principio de realidad, cada una con sus matices.

Pero no me interesa ese punto obvio sino otro.

El 21 de noviembre de 1956 hace una crítica a la deformación teórica del “psicoanálisis” de las relaciones objetales.

No es un asunto menor y del pasado, aún hoy, en esas terapias (literal) que enfatizan la susodicha “realidad” y los ideales de la cura, de la que, por supuesto, el “psicoanalista” es el modelo a seguir, sobre todo si lleva en el trasero el ® de alguna afamada institución, asociación o colectivo del mundillo psicoanalítico.

Es decir, vemos aquí presente el tema de los «ideales psicoanalíticos» bajo el rótulo del ideal genital y que denunciará tres años más tarde como: ideal del amor humano o médico, ideal de la autenticidad e ideal de no-dependencia.

Esa es una de las grandes fallas de los gremios psicoanalíticos, que sus “psicoanalistas” no quieren dejar ese lugar del Ideal del Yo para con sus analizantes, recibir un “título” de analista es su terquedad.

De ahí la importancia actual y de siempre de pensar sobre la ética del psicoanálisis.

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[1] Para el equívoco de estos dos conceptos véase: La cámara lúcida (nota sobre la fotografía) de Roland Barthes (Paidós: 2019).

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Seminario y Taller de lectura

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Seminario y Taller de lectura.

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El «spycanálisis»…

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Siete sesiones sobre Hamlet… «de eso se trata».

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Psicología de las masas y análisis del yo en el 2021… el tiempo apremia

Psicología de las masas y análisis del yo en el 2021… el tiempo apremia[1]

El yo como función autónoma aparece por vez primera aquí.

Jacques Lacan

10 de febrero de 1954.

Me interesa señalar que Psicología de las masas y análisis del yo merece una lectura atenta: párrafo a párrafo, línea a línea, junto con la serie de reflexiones y comentarios que éste nos provoque, en otras palabras… nos exige un seminario.

El día de hoy seré breve y solamente puntuaré algunos temas que para mí tienen importancia en este 2021

Dividiré mi exposición en tres apartados: contexto, análisis y apreciación.

  1. CONTEXTO

Es de buen lector de Freud, ubicar el lugar que tiene en toda su obra aquel texto que iniciamos o reiniciamos en su lectura.

Hago notar que el título es Psicología de las masas y análisis del yo y no Análisis de las masas y psicología del yo.

Así, la enseñanza freudiana nos indica que a la masa no se le analiza… se le psicologiza, y que al yo no se le psicologiza… se le analiza.

Durante el periodo que va de 1920 a 1922 Freud tuvo en su mesa de trabajo temas muy interesantes y que de alguna forma se conectan entre ellos.

Para cuando se publica Psicología de las masas…hacía ya un año que fue impreso Más allá del principio del placer… texto parte aguas en la obra freudiana,después se publica un breve texto que fue capital para el joven neuropsiquiatra Jacques Lacan y su tesis sobre la psicosis paranoica, me refiero a Sobre algunos mecanismos neuróticos, en los celos, la homosexualidad y la paranoia.

En este mismo periodo Freud entra al extraño mundo de la telepatía, con sus dos únicos textos al respecto: Psicoanálisis y telepatía (1921) y Sueño y telepatía (1922).

El goce, la repetición, la masa psicológica, la sugestión, la hipnosis, el enamoramiento, los celos, la paranoia, la telepatía, etc… son los temas que gravitan a Psicología de las masas…

  1. ANÁLISIS

Aquí tomaré tan sólo algunos capítulos porque… el tiempo apremia.

Me salto la introducción y me voy al II, que se titula «Le Bon y su descripción del alma de las masas».

Gustave Le Bon fue un sociólogo francés con una facha de hípster del siglo XIX, nos informa acertadamente la Wikipedia que era un aficionado a la psicología social, a los fenómenos de las masas sociales y al cómo influían los rasgos nacionales, la superioridad racial, etc.

Lo interesante es que cobra fama en el momento en que un grupo de investigadores sobre los medios de comunicación masivos lo divulgan.

Este sociólogo le interesó a Freud por varios motivos, señalo dos.

En la masa psicológica:

  • «el individuo siente, piensa y actúa diferente».
  • «hay sentimientos que sólo emergen o se convierten en actos en los individuos ligados» a ésta (piénsese aquí en las modernas redes sociales).

Podemos imaginar este breve diálogo entre ellos:

  • Freud: ¿qué une y qué liga a estos individuos?
  • Le Bon: no lo sé.
  • Freud: eso es precisamente lo que debemos indagar.

Intuyo que la respuesta se encuentra encapsulada en este breve aforismo freudiano: «… el núcleo de la conciencia moral es la angustia social».

Agrega que con la formación de la masa psicológica se crean las condiciones óptimas para que la represión quede cancelada.

Paso al capítulo III: «Otras apreciaciones de la vida anímica colectiva».

Ahora toca el psicólogo social y opositor al conductismo: William McDougal.

Si Freud ya recorrió con Le Bon el alma de la masa psicológica, ahora toca al cuerpo de la masa psicológica.

Señala al menos 45 de sus características, nombro algunas.

La masa psicológica:

  1. …es impulsiva y excitable.
  2. …es guiada exclusivamente por lo inconsciente.
  3. …no soporta la dilación.
  4. …es influible y crédula.
  5. …es acrítica.
  6. …no conoce la duda y la incerteza.
  7. …pasa pronto a los extremos.
  8. …la sospecha se le transforma rápidamente en certeza.
  9. …quien desea influir en ella no necesita argumentos lógicos.
  10. … que pide de sus héroes es fortaleza y violencia.

Respecto al capítulo VII. «La identificación».

Este es el único lugar donde Freud se detiene de forma detallada a construir su concepto de identificación.

Recordemos que aquí se habla de tres tipos de identificación, una de ellas tendrá un célebre recorrido en los seminarios de Lacan, me refiero al «rasgo unario».

Otra indicación para no olvidar: la incorporación es «…la forma original del vínculo afectivo con el objeto».

Sentencia que no podría haber surgido sin una re-elaboración del concepto de narcisismo.

Vamos al capítulo VIII: «Enamoramiento e hipnosis», por cierto, bastante corto pero denso.

Freud inserta aquí su radiografía de la masa psicológica:

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Y su diagnóstico:

«Una masa primaria de esta índole es una multitud de individuos que han puesto un objeto, uno y el mismo, en el lugar de su ideal del yo, a consecuencia de lo cual se han identificado entre sí en su yo».

  1. APRECIACIÓN

Actualmente nos encontramos en el centro de las salvajes masas psicológicas que se designan como populismo, sea de izquierda o de derecha… éstas concentran todo lo denunciado por Le Bon, McDougall y Freud.

Si consideramos a De Principatibus de Nicolás Maquiavelo como el más grande manual para pandilleros, Psicología de las masas y análisis del yo será nuestro manual para contratacar a ese manual de pendencieros.

Y bien como el tiempo apremia… aquí termino.

H. Isaac Puertos S.

Guadalajara, Jalisco a 19 de junio del 2021.


[1] Versión escrita de la versión comentada en el evento virtual organizado por Ambulatorio Psicoanalítico: «A cien años de Psicología de las masas y análisis del yo» el 19 de junio del 2021.

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Psicología de las masas y análisis del yo… el tiempo apremia.

«El próximo sábado hablaré de este señor, que tiene facha de ser un hipster del siglo XIX… es el francés Gustave Le Bon… están invitados».

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Taller de lectura: el deseo y su interpretación. Puntuaciones (I).

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Un día como hoy: «no hay fuera de texto».- /in memoriam/ de Jacques Derrida (2020).

Un día como hoy de hace noventa años… nació el argelino (francés): Jacques Derrida (Jackie).

Un día como hoy de hace tres años… publiqué un fragmento de mi tesis de maestría que gravita en torno a su expresión: «no hay fuera de texto».

Un día como hoy del 2020 y en medio de una pandemia al estilo SXXI (¡¿cuánto hubiese deconstruído al respecto Derrida?!), in memoriam de mi filósofo de cabecera, publico otro fragmento…

2.3 El «texto en general».

La noción de texto pasa por una serie de propuestas y reflexiones que incluyen el concepto de huella (trace). Si se considera que no hay una escritura puramente fonética, por la razón de que se requiere del espaciamiento de los signos, su puntuación, sus intervalos y las diferencias para el funcionamiento de los grafemas, queda cuestionada la lógica fonocentrista del Curso de lingüística general (CLG) de Saussure.

Apoyándose en la tesis saussuriana de que “en la lengua no hay más que diferencias (…) sin términos positivos” (Saussure [1916/1993]: 168-169), Derrida sostiene que este principio obliga no sólo a privilegiar la sustancia fónica (que se dice temporal) excluyendo la sustancia gráfica (que se dice espacial), sino también a tomar en cuenta que el proceso de significación se encuentra determinado por el juego formal de las diferencias.

Este juego supone “síntesis y remisiones que prohíben que en ningún momento, en ningún sentido, un elemento simple éste presente en sí mismo y no remita más que así mismo”, afectando por igual tanto a la palabra como a la escritura, implica que “ningún elemento puede funcionar como signo sin remitir a otro elemento que él mismo tampoco está simplemente presente” (Derrida [1972/1977]: 35). Cada elemento (fonema o grafema) se encuentra concatenado a otros elementos, que a su vez se encuentran constituidos a partir de las huellas que han dejado otros elementos de la cadena, sistema o estructura que es la lengua:

(…) este encadenamiento, este tejido, es el texto, que sólo se produce en la transformación de otro texto. No hay nada, ni en los elementos ni en el sistema, simplemente presente o ausente. No hay (…) más que diferencias y huellas de huellas .

(Derrida [1972/1977]: 35-36)

Conviene precisar que para no confundir esta noción de “texto” con lo que comúnmente se hacer llamar texto, es decir, un documento escrito sobre la página, Derrida decide hablar de «texto en general» (Derrida [1972/1977]: 59, 79), el cual no puede contenerse en un libro o una biblioteca, ni tampoco se deja dirigir por algún referente en el sentido clásico: la realidad, el objeto, la cosa, el sujeto, etc.

El “texto en general” es también lo que “inscribe” y “desborda” los límites de un discurso regulado por la esencia, el sentido, la verdad, la conciencia, la idealidad, etc; unidades o elementos que corresponden a la época de la metafísica de la presencia[1] (Véase 1.3.2). Una vez aclarada la noción de «texto en general» nos vemos en la posibilidad de abordar la expresión «no hay fuera-de-texto»[2].

2.4 El «texto en general» y la expresión «no hay fuera-de-texto».

La expresión «no hay fuera-de-texto» señala consideraciones metodológicas de lectura que se sustentan en dos proposiciones: ausencia de referente o de significado trascendental (Derrida [1967/1978]: 203). Sigamos la síntesis que Derrida hace de su «intervención deconstructiva» al CLG (Derrida [1972/1977]: 26-32).

Por un lado, Saussure jugó en la escena de la lingüística un papel crítico decisivo y determinante:

  1. Mostró que el significado es inseparable del significante, las dos caras de una misma producción (Saussure [1916/1993]: 102-104).
  2. Contra la tradición, rechazó que esta doble faz tuviese relación alguna con la dicotomía del alma/cuerpo (Saussure [1916/1993]: 148).
  3. Insistiendo en la propiedad diferencial y formal (o estructural[3]) de la semiología (Saussure [1916/1993]: 159-171) le resulta imposible concebir “que el sonido, elemento material, pertenezca por sí mismo a la lengua” (Saussure [1916/1993]: 167), añade que “el significante lingüístico; en su esencia, no es en modo alguno fónico, es incorporal”, retirándole todo carácter de substancia al contenido significado y a la expresión. Al colocar a la lingüística como formando parte de la semiología general (Saussure [1916/1993]: 43), contribuyó fuertemente a volver contra la tradición metafísica el concepto de signo.

Por otro, al servirse del concepto de signo y pese a todos sus esfuerzos y trabajo, Saussure continuó formando parte de esta tradición metafísica, en tanto:

  1. No es posible hacer uso de un “nuevo concepto” sin al mismo tiempo arrastrar de forma no crítica algunos de los elementos del sistema en el que se encuentra implicado y al que pertenece. Todo el trabajo crítico se pierde en el momento en que Saussure sigue sirviéndose del concepto de signo, precisamente después de haber introducido las palabras de significado y significante: “En cuanto a signo, si nos contentamos con ese término es por que, al no sugerirnos la lengua usual ningún otro, no sabemos por cual reemplazarlo” (Saussure [1916/1993]: 104). Este es el motivo por el cual puede afirmarse que la «lengua usual» no es ni inocente ni neutra y pertenece a la lengua de la metafísica occidental (Véase 1.4.2).
  2. Por otro lado, la distinción rigurosa y esencial entre signans (signo)y signatum (significante), la fórmula entre el signatum y el concepto[4] “dejan abierta de derecho la posibilidad de pensar un concepto significado en sí mismo, en su presencia simple al pensamiento, en su independencia con relación a la lengua, es decir, con relación a un sistema de significantes” (Derrida [1967/1978]: 28-29).
  3. Con ello, Saussure contradice todas las adquisiciones críticas ya adquiridas (diferencialidad, formalidad y des-substancialización) y nos otorga el derecho de pensar en lo que Derrida llama un “‘significado trascendental’, que no remitiría en sí mismo, en su esencia, a ningún significante, excedería la cadena de los signos, y él mismo no funcionaría ya, llegando el momento, como significante” (Derrida [1967/1978]: 29).

Desde el momento en que se interroga la posibilidad de tal “significado trascendental” y se reconoce que todo significado se encuentra también en posición de significante, la frontera entre significante y significado, como también el signo en su conjunto, se torna inquietante y problemática.

En sentido amplio, un texto (Lucy [2004]: 142-144)[5] es algo que se ha hecho o construido (una tesis de filosofía, una novela o un filme, etc.), lo que conlleva a que existen cosas en el mundo que no se han hecho o construido (el “ser”, la “justicia”, la “verdad”, etc.).

Estas dos afirmaciones sólo son acordes al punto de vista de la metafísica occidental, que nos lleva a reconocer que todo en el mundo pertenece sea del lado de la representación (el texto) o del lado de la presencia (lo real) (Véase 1.3).

Cuando Derrida habla de texto lo hace en sentido corriente, sólo que le otorga un nuevo alcance al utilizar la expresión de «texto en general» (Derrida [1972/1977]: 79), la cual precisa que se trata de algo que ha sido hecho, sin que por ello podamos inferir que «fuera-de-texto» las cosas sólo están.

Dos consecuencias se derivan de ello:

  1. Que todo es texto y que por tanto «no hay fuera-de-texto» (Derrida [1967/1978]: 203, 207; [1972/1975]: 54-55; [1972/1977]: 79, 88, 114) y que:
  2. Si todo es texto, se debe a que no encontramos nada que sea anterior a la textualidad. Bajo este argumento no hay algo como la “representación”, en el discurso de Derrida un texto no puede ser la imitación de una presencia, al contrario, la presencia es una consecuencia de la textualidad (Derrida [1972/1975]: 9).

No debemos apresurarnos en dictaminar que para Derrida las fuerzas económicas, políticas o históricas son “ficciones”, al contrario él firma que lo que llama “texto”:

(…) implies all the structures called «real», «economic», «historical», socio-institutional, in short: all possible referents. Another way of recalling once again that «there is nothing outside the text”. That does not mean that all referents are suspended, denied, or enclosed in a book, as people have claimed, or have been naive enough to believe and to have accused me of believing. But it does mean that every referent, all reality has the structure of a differential trace, and that one cannot refer to this «real» except in an interpretive experience. The latter neither yields meaning nor assumes it except in a movement of differential referring. That’s all (Derrida [1990]: 148).

El «texto en general» abarca todos los referentes posibles, es otra manera de expresar «no hay fuera-de-texto», denominación que no obliga negar al mundo y sus referentes, por el contrario, esos referentes y la “realidad” que los contiene, cuentan con la estructura de la huella[6] diferencial[7], la cual no puede hacer referencia a lo “real” más que en una experiencia interpretativa, es decir, no existe un punto culmen de detención donde ya no se esté en posibilidad de hacer referencia a algo más, otra forma también de designar la ausencia de referente o significado trascendental (Véase 1.3.3 ).

Cualquier referencia que podamos nombrar, por ejemplo, los gatos “reales”, no puede más que “refer to this ‘real’ except in an interpretive experience”. No podemos descuidar esta reflexión con que de ahora en adelante en lugar de usar la palabra «gato», nos veríamos en la obligación de llevar con nosotros un “verdadero gato”, de tal manera que cuando necesitemos referirnos al animal que «maúlla» lo saquemos de nuestro bolso para mostrar con un gesto kantiano, la cosa-en-sí-misma. Nuestro “verdadero” gato es todavía un referente, y por supuesto, también es en cierto sentido, “real”. Pero su «realidad» no sería algo que pudiera existir fuera de afirmar que existe. La realidad resulta ser algo que la textualidad plantea.

Pongamos que buscamos en el diccionario la palabra “gato” (Lucy [2004]), la cual se compone de palabras que a su vez son definiciones: “mamífero carnívoro de la familia de los félidos, digitígrado, doméstico, etc.”; como le sucede a toda palabra, “gato” no puede sostenerse por si misma, y es que su significado descansa en la «structure of a differential trace», el significado no es sino el efecto de esta estructura de marcas o huellas diferenciales[8] pertenecientes a un sistema de referentes. Así como nadie negará que existan “gatos” en el mundo, tampoco nadie afirmará que los hay en el diccionario.

De la misma manera que la noción vulgar de “texto” es ampliada con la denominación de «texto en general», la noción de referente, siempre que se circunscriba a este contexto interpretativo, resultará modificada. Esto nos lleva a plantearnos algunas preguntas ¿Qué pasa cuando esta estructura de marcas o huellas diferenciales hace del texto un tejido? ¿De qué forma la práctica de lectura resulta también modificada bajo estas proposiciones?

Las soluciones a esta serie de cuestionamientos se verán desarrolladas por Derrida en el abordaje de la obra de Rousseau y que comentaré a continuación.

H. Isaac Puertos Salinas.

15 de julio de 2020

[1] “De tal manera, en el interior de esta época [la metafísica de la presencia], la lectura y la escritura, la producción o la interpretación de los signos, el texto en general, como tejido de signos, se dejan confinar en la secundariedad. Los precede una verdad o un sentido ya constituidos por y en el elemento del logos. Incluso cuando la cosa, el «referente», no está inmediatamente en relación con el logos de un dios creador donde ha comenzado por ser un sentido hablado-pensado, el significado tiene en todo caso una relación inmediata con el logos en general (finito o infinito), mediata con el significante, vale decir con la exterioridad de la escritura” (Derrida [1967/1978]: 21). Corchetes míos.

[2] Hasta donde tengo conocimiento, la última ocasión en que Derrida se pronunció respecto al «no hay fuera-de-texto» fue en una conferencia improvisada en el 2002, en Orta, Italia; llevó por título Penser à ne pas voir (Pensar hasta no ver). Al menos por tres razones considero valioso traer aquí esta cita: expone algunos de los temas que vengo comentando, otro elemento importante, aquí Derrida se dirigió a un público que en su mayoría no estaba avezado en su enseñanza, por lo que le fue necesario economizar el desarrollo de sus propuestas, fue directo, claro y breve, elementos que muchas veces le han solicitado lectores que no logran entenderle en sus escritos, además esta conferencia no es actualmente de fácil acceso ya que fue primeramente publicada en francés en una revista italiana en el 2005, bajo el título de “Penser à ne pas voir” en Annali, Fondazione Europea del Disegno (Fondation Adami), 2005/I,Amalia Valtolina (ed.), Milán, Bruno Mondadori Editori, pp. 49-74. En castellano se publicó en el 2013 bajo el sello de una editorial poco conocida y un tiraje que desconozco. Pienso que al lector interesado en la obra de Derrida le será de gran utilidad, debido a su extensión he decidido agregarla como ‘Apéndice’ al final de esta tesis.

[3] Recuérdense las sentencias de Saussure: “(…) esta combinación produce una forma y no una sustancia” Saussure [1916/1993]: 161) y “(…) la lengua es una forma y no una substancia (…)” (Saussure [1916/1993]: 171). Cursivas del autor.

[4] Vale recordar aquí la nota a pie que agrega Derrida a Posiciones: “Es decir, lo inteligible. La diferencia entre el significante y el significado ha reproducido siempre la diferencia entre lo sensible y lo inteligible. Y no lo hace menos en el siglo XX que en sus orígenes estoicos. ‘Como claramente ha establecido el moderno pensamiento estructural, la lengua es un sistema de signos, y la lingüística forma parte de la ciencia de los signos, o semiótica (la sémiologie de Saussure). La antigua definición del signo (‘aliquid stat pro aliquo’) ha sido resucitada y propuesta como todavía válida y fecunda. Así, la propiedad esencial de todo signo en general, y de todo signo lingüístico en particular, tiene un carácter doble: toda unidad lingüística es bipartita y comporta dos aspectos -el uno sensible y el otro inteligible-, o, dicho en otras palabras, comprende un signans (el signifiant de Saussure) y un signatum (el signifié)’ (R. Jakobson, Ensayos de lingüística general, trad. castellana, Ed. Seix Barral, 1975, p. 218)” (Derrida [1972/1977]: 27).

[5] A Derrida dictionary se presenta bajo el adagio derrridiano inscrito en La diseminación: “Este (pues) no habrá sido un libro” (Derrida [1972/1975]: 7), que para el caso del diccionario funciona como “este (pues) no habrá sido un diccionario”, pretende ser una invitación a continuar una lectura directa de la obra derridiana. El que tan sólo incluya cuarenta vocablos es una muestra sincera y no pretenciosa de su empresa. Si lo traigo aquí se debe a que sus ejemplos resultan claros y sencillos para aquellos que no frecuentan la lectura de Derrida, por su puesto no descuido que esta claridad de tan brillante pueda resultar enceguecedora, queremos decir, volvernos ignorantes a la complejidad del problema que ella encara y caer en un discurso burdo sobre la deconstrucción, para salvar en lo posible este desliz he conectado los ejemplos de Lucy con las proposiciones de Derrida.

[6] El concepto de “huella” en Derrida pasa también por la lectura de otros tres  autores: Emmanuel Levinas, Frederich Nietzsche y Sigmund Freud, por el objetivo de mi estudio me centraré sólo en Saussure. Por otra parte es de notar que por razones desconocidas la versión del CLG de las editoriales Akal y Planeta-De Agostini borraron infructuosamente la palabra huella: “El signo lingüístico une no una cosa y un nombre, sino un concepto y una imagen acústica. Esta última no es el sonido material, cosa puramente física, sino la psíquica de un sonido” (Saussure [1916/1989]: 102). En cambio encontramos en la antigua versión Losada de 1945: “Lo que el signo lingüístico une no es una cosa y un nombre, sino un concepto y una imagen acústica. La imagen acústica no es el sonido material, cosa puramente física, sino su huella psíquica, la representación que de el nos da el testimonio de nuestros sentidos (…)”(Saussure [1916/1945]: 92). Subrayado mío. Este párrafo es fiel a la edición original: “Le signe linguistique unit no une chose et un nom, mais un concept et une image acoustique. Cette dernière n’est pas le son matériel, chose purement physique, mais l’empreinte psychique de ce son, la représentation que nous en donne la témoignane de nos sens (…)” (Saussure [1916/1995]: 98).

[7] Este concepto se encuentra lo más ceñida posible al Saussure del capítulo IV de su CLG, especialmente a los parágrafos § 3 y § 4 (“El valor lingüístico considerado en su aspecto material” y “El signo considerado en su totalidad”, respectivamente). Ahí podemos leer que “lo que de la lengua importa no es el sonido mismo sino las diferencias fónicas (…) jamás podrá fundarse en última instancia sobre otra cosa que sobre su no-coincidencia con el resto. Arbitrario y diferencial son dos cualidades correlativas” y que “(…) en la lengua no hay más que diferencias.” (Saussure [1916/1989]: 166 y 168).

[8] “Esta unidad de la forma significante no se constituye sino por su iterabilidad, por la posibilidad de ser repetida en la ausencia no solamente del «referente», lo cual es evidente, sino en la ausencia de un significado determinado o de la intensión de significación actual, como de toda intensión de comunicación presente. Esta posibilidad estructural de ser separado del referente o del significado (por tanto de la comunicación y de su contexto) me aparece que hace de toda marca, aunque sea oral, un grafema en general, es decir, como ya hemos visto, la permanencia no-presente de una marca diferencial separada de su pretendida «producción» u origen. Y yo extendería esta ley incluso a toda «experiencia» en general si aceptamos que no hay experiencia de presencia pura, sino sólo cadenas de marcas diferenciales” (Derrida [1972/1994]: 359). Aquí «huella» y «marca» funcionan como sinónimos. 

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Bernard Stiegler on Jacques Derrida, Hauntology, and «Ghost Dance»

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20 relatorías en torno al seminario LA TRANSFERENCIA (1960-1961) de JACQUES LACAN.

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La demanda: un obsequio Troyano.

A-(a) Quien Corresponda.

El silencio de Sócrates.

El juego del deseo.

Más allá de la palabra amor.

Alcibíades, en categoría de trauma.

Diótima; belleza polimorfa.

Apunte: El reclamo(r) de Agatón.

Leer en contra del signo.

Al mal tiempo (del Edipo), buena cara.

Sin garantía: la parte más seria de amar.

Empédocles: patrón de la especulación analítica.

Del odio al amor, un paso… y del amor a la transferencia, un viraje.

Pausanias y el valor del análisis.

Lo goumert.

De la falta surge el amor «» Del amor surge la transferencia.

Apunte: tomar al otro por objeto es signo se amar(se) bien.

Alcibiádes o la irrupción del inconsciente.

El psicoanálisis y la poesía: dos artes inválidas.

Ágalma… ¿H(a)ga-alma?

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Lacan, lector de John Donne y su poema The Ecstasy

En la primera sesión del seminario El deseo y su interpretación (12 de noviembre de 1958), Lacan evoca a la poseía metafísica, aquella que muestra la caprichosa y por ello inquietante, naturaleza humana… invita a los lectores de inglés a The Ecstasy de John Donne, donde se muestra ejemplarmente «el problema de la estructura de las relaciones del deseo»

En el siguiente video el lector lo podrá escuchar linea a linea en la extraordinaria voz y dicción de Richard Burton.

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11 relatorías en torno del seminario «La transferencia» (1960-1961) de Jacques Lacan.

 

el diésel de la transferencia (IV): el esquema del enamohoramiento.

Del Amor sabemos de «a» oídas

Agalma… ¿H(a)ga-alma?

El Psicoanálisis y la poesía: dos artes inválidas.

Alcibíades o la irrupción de lo inconsciente.

 

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Apunte: tomar al otro por objeto es signo de amar(se) bien.

De la falta surge el amor «» Del amor surge la transferencia.

 

Lo gourmet.

Pausanias y el valor del análisis.

Del odio al amor, un paso…y del amor a la transferencia, un viraje.

Empédocles: patrón de la especulación analítica.

 

 

 

 

 

 

 

 

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FREUD et puis LACAN

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