Un día como hoy de hace noventa años… nació el argelino (francés): Jacques Derrida (Jackie).
Un día como hoy de hace tres años… publiqué un fragmento de mi tesis de maestría que gravita en torno a su expresión: «no hay fuera de texto».
Un día como hoy del 2020 y en medio de una pandemia al estilo SXXI (¡¿cuánto hubiese deconstruído al respecto Derrida?!), in memoriam de mi filósofo de cabecera, publico otro fragmento…
2.3 El «texto en general».
La noción de texto pasa por una serie de propuestas y reflexiones que incluyen el concepto de huella (trace). Si se considera que no hay una escritura puramente fonética, por la razón de que se requiere del espaciamiento de los signos, su puntuación, sus intervalos y las diferencias para el funcionamiento de los grafemas, queda cuestionada la lógica fonocentrista del Curso de lingüística general (CLG) de Saussure.
Apoyándose en la tesis saussuriana de que “en la lengua no hay más que diferencias (…) sin términos positivos” (Saussure [1916/1993]: 168-169), Derrida sostiene que este principio obliga no sólo a privilegiar la sustancia fónica (que se dice temporal) excluyendo la sustancia gráfica (que se dice espacial), sino también a tomar en cuenta que el proceso de significación se encuentra determinado por el juego formal de las diferencias.
Este juego supone “síntesis y remisiones que prohíben que en ningún momento, en ningún sentido, un elemento simple éste presente en sí mismo y no remita más que así mismo”, afectando por igual tanto a la palabra como a la escritura, implica que “ningún elemento puede funcionar como signo sin remitir a otro elemento que él mismo tampoco está simplemente presente” (Derrida [1972/1977]: 35). Cada elemento (fonema o grafema) se encuentra concatenado a otros elementos, que a su vez se encuentran constituidos a partir de las huellas que han dejado otros elementos de la cadena, sistema o estructura que es la lengua:
(…) este encadenamiento, este tejido, es el texto, que sólo se produce en la transformación de otro texto. No hay nada, ni en los elementos ni en el sistema, simplemente presente o ausente. No hay (…) más que diferencias y huellas de huellas .
(Derrida [1972/1977]: 35-36)
Conviene precisar que para no confundir esta noción de “texto” con lo que comúnmente se hacer llamar texto, es decir, un documento escrito sobre la página, Derrida decide hablar de «texto en general» (Derrida [1972/1977]: 59, 79), el cual no puede contenerse en un libro o una biblioteca, ni tampoco se deja dirigir por algún referente en el sentido clásico: la realidad, el objeto, la cosa, el sujeto, etc.
El “texto en general” es también lo que “inscribe” y “desborda” los límites de un discurso regulado por la esencia, el sentido, la verdad, la conciencia, la idealidad, etc; unidades o elementos que corresponden a la época de la metafísica de la presencia[1] (Véase 1.3.2). Una vez aclarada la noción de «texto en general» nos vemos en la posibilidad de abordar la expresión «no hay fuera-de-texto»[2].
2.4 El «texto en general» y la expresión «no hay fuera-de-texto».
La expresión «no hay fuera-de-texto» señala consideraciones metodológicas de lectura que se sustentan en dos proposiciones: ausencia de referente o de significado trascendental (Derrida [1967/1978]: 203). Sigamos la síntesis que Derrida hace de su «intervención deconstructiva» al CLG (Derrida [1972/1977]: 26-32).
Por un lado, Saussure jugó en la escena de la lingüística un papel crítico decisivo y determinante:
- Mostró que el significado es inseparable del significante, las dos caras de una misma producción (Saussure [1916/1993]: 102-104).
- Contra la tradición, rechazó que esta doble faz tuviese relación alguna con la dicotomía del alma/cuerpo (Saussure [1916/1993]: 148).
- Insistiendo en la propiedad diferencial y formal (o estructural[3]) de la semiología (Saussure [1916/1993]: 159-171) le resulta imposible concebir “que el sonido, elemento material, pertenezca por sí mismo a la lengua” (Saussure [1916/1993]: 167), añade que “el significante lingüístico; en su esencia, no es en modo alguno fónico, es incorporal”, retirándole todo carácter de substancia al contenido significado y a la expresión. Al colocar a la lingüística como formando parte de la semiología general (Saussure [1916/1993]: 43), contribuyó fuertemente a volver contra la tradición metafísica el concepto de signo.
Por otro, al servirse del concepto de signo y pese a todos sus esfuerzos y trabajo, Saussure continuó formando parte de esta tradición metafísica, en tanto:
- No es posible hacer uso de un “nuevo concepto” sin al mismo tiempo arrastrar de forma no crítica algunos de los elementos del sistema en el que se encuentra implicado y al que pertenece. Todo el trabajo crítico se pierde en el momento en que Saussure sigue sirviéndose del concepto de signo, precisamente después de haber introducido las palabras de significado y significante: “En cuanto a signo, si nos contentamos con ese término es por que, al no sugerirnos la lengua usual ningún otro, no sabemos por cual reemplazarlo” (Saussure [1916/1993]: 104). Este es el motivo por el cual puede afirmarse que la «lengua usual» no es ni inocente ni neutra y pertenece a la lengua de la metafísica occidental (Véase 1.4.2).
- Por otro lado, la distinción rigurosa y esencial entre signans (signo)y signatum (significante), la fórmula entre el signatum y el concepto[4] “dejan abierta de derecho la posibilidad de pensar un concepto significado en sí mismo, en su presencia simple al pensamiento, en su independencia con relación a la lengua, es decir, con relación a un sistema de significantes” (Derrida [1967/1978]: 28-29).
- Con ello, Saussure contradice todas las adquisiciones críticas ya adquiridas (diferencialidad, formalidad y des-substancialización) y nos otorga el derecho de pensar en lo que Derrida llama un “‘significado trascendental’, que no remitiría en sí mismo, en su esencia, a ningún significante, excedería la cadena de los signos, y él mismo no funcionaría ya, llegando el momento, como significante” (Derrida [1967/1978]: 29).
Desde el momento en que se interroga la posibilidad de tal “significado trascendental” y se reconoce que todo significado se encuentra también en posición de significante, la frontera entre significante y significado, como también el signo en su conjunto, se torna inquietante y problemática.
En sentido amplio, un texto (Lucy [2004]: 142-144)[5] es algo que se ha hecho o construido (una tesis de filosofía, una novela o un filme, etc.), lo que conlleva a que existen cosas en el mundo que no se han hecho o construido (el “ser”, la “justicia”, la “verdad”, etc.).
Estas dos afirmaciones sólo son acordes al punto de vista de la metafísica occidental, que nos lleva a reconocer que todo en el mundo pertenece sea del lado de la representación (el texto) o del lado de la presencia (lo real) (Véase 1.3).
Cuando Derrida habla de texto lo hace en sentido corriente, sólo que le otorga un nuevo alcance al utilizar la expresión de «texto en general» (Derrida [1972/1977]: 79), la cual precisa que se trata de algo que ha sido hecho, sin que por ello podamos inferir que «fuera-de-texto» las cosas sólo están.
Dos consecuencias se derivan de ello:
- Que todo es texto y que por tanto «no hay fuera-de-texto» (Derrida [1967/1978]: 203, 207; [1972/1975]: 54-55; [1972/1977]: 79, 88, 114) y que:
- Si todo es texto, se debe a que no encontramos nada que sea anterior a la textualidad. Bajo este argumento no hay algo como la “representación”, en el discurso de Derrida un texto no puede ser la imitación de una presencia, al contrario, la presencia es una consecuencia de la textualidad (Derrida [1972/1975]: 9).
No debemos apresurarnos en dictaminar que para Derrida las fuerzas económicas, políticas o históricas son “ficciones”, al contrario él firma que lo que llama “texto”:
(…) implies all the structures called «real», «economic», «historical», socio-institutional, in short: all possible referents. Another way of recalling once again that «there is nothing outside the text”. That does not mean that all referents are suspended, denied, or enclosed in a book, as people have claimed, or have been naive enough to believe and to have accused me of believing. But it does mean that every referent, all reality has the structure of a differential trace, and that one cannot refer to this «real» except in an interpretive experience. The latter neither yields meaning nor assumes it except in a movement of differential referring. That’s all (Derrida [1990]: 148).
El «texto en general» abarca todos los referentes posibles, es otra manera de expresar «no hay fuera-de-texto», denominación que no obliga negar al mundo y sus referentes, por el contrario, esos referentes y la “realidad” que los contiene, cuentan con la estructura de la huella[6] diferencial[7], la cual no puede hacer referencia a lo “real” más que en una experiencia interpretativa, es decir, no existe un punto culmen de detención donde ya no se esté en posibilidad de hacer referencia a algo más, otra forma también de designar la ausencia de referente o significado trascendental (Véase 1.3.3 ).
Cualquier referencia que podamos nombrar, por ejemplo, los gatos “reales”, no puede más que “refer to this ‘real’ except in an interpretive experience”. No podemos descuidar esta reflexión con que de ahora en adelante en lugar de usar la palabra «gato», nos veríamos en la obligación de llevar con nosotros un “verdadero gato”, de tal manera que cuando necesitemos referirnos al animal que «maúlla» lo saquemos de nuestro bolso para mostrar con un gesto kantiano, la cosa-en-sí-misma. Nuestro “verdadero” gato es todavía un referente, y por supuesto, también es en cierto sentido, “real”. Pero su «realidad» no sería algo que pudiera existir fuera de afirmar que existe. La realidad resulta ser algo que la textualidad plantea.
Pongamos que buscamos en el diccionario la palabra “gato” (Lucy [2004]), la cual se compone de palabras que a su vez son definiciones: “mamífero carnívoro de la familia de los félidos, digitígrado, doméstico, etc.”; como le sucede a toda palabra, “gato” no puede sostenerse por si misma, y es que su significado descansa en la «structure of a differential trace», el significado no es sino el efecto de esta estructura de marcas o huellas diferenciales[8] pertenecientes a un sistema de referentes. Así como nadie negará que existan “gatos” en el mundo, tampoco nadie afirmará que los hay en el diccionario.
De la misma manera que la noción vulgar de “texto” es ampliada con la denominación de «texto en general», la noción de referente, siempre que se circunscriba a este contexto interpretativo, resultará modificada. Esto nos lleva a plantearnos algunas preguntas ¿Qué pasa cuando esta estructura de marcas o huellas diferenciales hace del texto un tejido? ¿De qué forma la práctica de lectura resulta también modificada bajo estas proposiciones?
Las soluciones a esta serie de cuestionamientos se verán desarrolladas por Derrida en el abordaje de la obra de Rousseau y que comentaré a continuación.
H. Isaac Puertos Salinas.
15 de julio de 2020
[1] “De tal manera, en el interior de esta época [la metafísica de la presencia], la lectura y la escritura, la producción o la interpretación de los signos, el texto en general, como tejido de signos, se dejan confinar en la secundariedad. Los precede una verdad o un sentido ya constituidos por y en el elemento del logos. Incluso cuando la cosa, el «referente», no está inmediatamente en relación con el logos de un dios creador donde ha comenzado por ser un sentido hablado-pensado, el significado tiene en todo caso una relación inmediata con el logos en general (finito o infinito), mediata con el significante, vale decir con la exterioridad de la escritura” (Derrida [1967/1978]: 21). Corchetes míos.
[2] Hasta donde tengo conocimiento, la última ocasión en que Derrida se pronunció respecto al «no hay fuera-de-texto» fue en una conferencia improvisada en el 2002, en Orta, Italia; llevó por título Penser à ne pas voir (Pensar hasta no ver). Al menos por tres razones considero valioso traer aquí esta cita: expone algunos de los temas que vengo comentando, otro elemento importante, aquí Derrida se dirigió a un público que en su mayoría no estaba avezado en su enseñanza, por lo que le fue necesario economizar el desarrollo de sus propuestas, fue directo, claro y breve, elementos que muchas veces le han solicitado lectores que no logran entenderle en sus escritos, además esta conferencia no es actualmente de fácil acceso ya que fue primeramente publicada en francés en una revista italiana en el 2005, bajo el título de “Penser à ne pas voir” en Annali, Fondazione Europea del Disegno (Fondation Adami), 2005/I,Amalia Valtolina (ed.), Milán, Bruno Mondadori Editori, pp. 49-74. En castellano se publicó en el 2013 bajo el sello de una editorial poco conocida y un tiraje que desconozco. Pienso que al lector interesado en la obra de Derrida le será de gran utilidad, debido a su extensión he decidido agregarla como ‘Apéndice’ al final de esta tesis.
[3] Recuérdense las sentencias de Saussure: “(…) esta combinación produce una forma y no una sustancia” Saussure [1916/1993]: 161) y “(…) la lengua es una forma y no una substancia (…)” (Saussure [1916/1993]: 171). Cursivas del autor.
[4] Vale recordar aquí la nota a pie que agrega Derrida a Posiciones: “Es decir, lo inteligible. La diferencia entre el significante y el significado ha reproducido siempre la diferencia entre lo sensible y lo inteligible. Y no lo hace menos en el siglo XX que en sus orígenes estoicos. ‘Como claramente ha establecido el moderno pensamiento estructural, la lengua es un sistema de signos, y la lingüística forma parte de la ciencia de los signos, o semiótica (la sémiologie de Saussure). La antigua definición del signo (‘aliquid stat pro aliquo’) ha sido resucitada y propuesta como todavía válida y fecunda. Así, la propiedad esencial de todo signo en general, y de todo signo lingüístico en particular, tiene un carácter doble: toda unidad lingüística es bipartita y comporta dos aspectos -el uno sensible y el otro inteligible-, o, dicho en otras palabras, comprende un signans (el signifiant de Saussure) y un signatum (el signifié)’ (R. Jakobson, Ensayos de lingüística general, trad. castellana, Ed. Seix Barral, 1975, p. 218)” (Derrida [1972/1977]: 27).
[5] A Derrida dictionary se presenta bajo el adagio derrridiano inscrito en La diseminación: “Este (pues) no habrá sido un libro” (Derrida [1972/1975]: 7), que para el caso del diccionario funciona como “este (pues) no habrá sido un diccionario”, pretende ser una invitación a continuar una lectura directa de la obra derridiana. El que tan sólo incluya cuarenta vocablos es una muestra sincera y no pretenciosa de su empresa. Si lo traigo aquí se debe a que sus ejemplos resultan claros y sencillos para aquellos que no frecuentan la lectura de Derrida, por su puesto no descuido que esta claridad de tan brillante pueda resultar enceguecedora, queremos decir, volvernos ignorantes a la complejidad del problema que ella encara y caer en un discurso burdo sobre la deconstrucción, para salvar en lo posible este desliz he conectado los ejemplos de Lucy con las proposiciones de Derrida.
[6] El concepto de “huella” en Derrida pasa también por la lectura de otros tres autores: Emmanuel Levinas, Frederich Nietzsche y Sigmund Freud, por el objetivo de mi estudio me centraré sólo en Saussure. Por otra parte es de notar que por razones desconocidas la versión del CLG de las editoriales Akal y Planeta-De Agostini borraron infructuosamente la palabra huella: “El signo lingüístico une no una cosa y un nombre, sino un concepto y una imagen acústica. Esta última no es el sonido material, cosa puramente física, sino la psíquica de un sonido” (Saussure [1916/1989]: 102). En cambio encontramos en la antigua versión Losada de 1945: “Lo que el signo lingüístico une no es una cosa y un nombre, sino un concepto y una imagen acústica. La imagen acústica no es el sonido material, cosa puramente física, sino su huella psíquica, la representación que de el nos da el testimonio de nuestros sentidos (…)”(Saussure [1916/1945]: 92). Subrayado mío. Este párrafo es fiel a la edición original: “Le signe linguistique unit no une chose et un nom, mais un concept et une image acoustique. Cette dernière n’est pas le son matériel, chose purement physique, mais l’empreinte psychique de ce son, la représentation que nous en donne la témoignane de nos sens (…)” (Saussure [1916/1995]: 98).
[7] Este concepto se encuentra lo más ceñida posible al Saussure del capítulo IV de su CLG, especialmente a los parágrafos § 3 y § 4 (“El valor lingüístico considerado en su aspecto material” y “El signo considerado en su totalidad”, respectivamente). Ahí podemos leer que “lo que de la lengua importa no es el sonido mismo sino las diferencias fónicas (…) jamás podrá fundarse en última instancia sobre otra cosa que sobre su no-coincidencia con el resto. Arbitrario y diferencial son dos cualidades correlativas” y que “(…) en la lengua no hay más que diferencias.” (Saussure [1916/1989]: 166 y 168).
[8] “Esta unidad de la forma significante no se constituye sino por su iterabilidad, por la posibilidad de ser repetida en la ausencia no solamente del «referente», lo cual es evidente, sino en la ausencia de un significado determinado o de la intensión de significación actual, como de toda intensión de comunicación presente. Esta posibilidad estructural de ser separado del referente o del significado (por tanto de la comunicación y de su contexto) me aparece que hace de toda marca, aunque sea oral, un grafema en general, es decir, como ya hemos visto, la permanencia no-presente de una marca diferencial separada de su pretendida «producción» u origen. Y yo extendería esta ley incluso a toda «experiencia» en general si aceptamos que no hay experiencia de presencia pura, sino sólo cadenas de marcas diferenciales” (Derrida [1972/1994]: 359). Aquí «huella» y «marca» funcionan como sinónimos.