En realidad, qué problema tenemos con la realidad?
Pienso que uno de los objetivos para mi más preciados de la antropología es comprender y explicar cómo es que las personas vivimos en realidades distintas y cómo es que la realidad que plantean otras cosmovisiones nos parecen absurdas, equivocadas o erróneas. La solución que damos a este problema es que «en realidad» juzgamos a las «otras» realidades desde las verdades de la nuestra. Sabemos que «en realidad» la forma en que tendemos a relacionarnos y pensar la realidad es en gran parte una construcción mundana, social y culturalmente moldeada por nuestro sistema simbólico que la explica y la comprende.
Parte de nuestro trabajo entonces es comprender y explicar «otras realidades» ajenas a la nuestra intentando, no «desmontar» su realidad en base a la nuestra, sino buscando cuáles son las razones, los contextos, las verdades que hacen que esa realidad sea posible. Esto es comprender la lógica que hace que esa realidad se afirme como la realidad última o verdadera. Y eso, siempre teniendo en cuenta que la o el nativo en esa realidad tiene sus motivos para «creer en ella» y considerar que así son las cosas de este mundo. Es decir, incorporando la perspectiva nativa en nuestra comprensión y en nuestra explicación de ella. Esto tiene como corolario que no nos sirve decir que «en realidad» la realidad por la que esas personas viven y mueren es una falsa realidad, un mito que hay que desmontar o un error de percepción o de buen gusto, porque la realidad es otra, mucho más compleja. Porque nosotros, con nuestro conocimiento de la realidad, desarmamos sus ilusiones.
El problema, a mi ver, es que con esa actitud, denigramos a las personas, las juzgamos por lo que ellas creen sus verdades y que a nosotros nos parecen cuentos de niños o algo peor. Y no podemos juzgar a nuestros «sujetos de estudio». Tenemos que entenderlos, comprender sus motivos, construir explicaciones que no carguen sobre ellos la irresponsabilidad del niñato.
Entonces? la realidad… qué es, en dónde queda? Hemos de aceptar cualquier realidad que se nos ponga por delante como «verdadera» y «aceptable»? Caer en un relativismo moral sin mesura? No. Lo que digo es que nuestro trabajo consiste en hacer inteligible esta disparidad de realidades y poder calibrar a dónde nos lleva cada una de ellas. Lo que digo es que no podemos juzgar otras realidades con las medidas de la nuestra. Lo que digo es que no podemos acusar a nuestros sujetos de estudio de error en base a nuestras convicciones.
Por esta razón epistemológica y deontológica de nuestra profesión, al hacer un estudio sobre por qué ciertas personas eligen vivir en una caravana, siguiendo un mito romántico, como por ejemplo, el de la libertad asociada al nomadismo, nuestro objetivo no puede ser «desmontar» el mito y demostrar que esas personas son presas de la ilusión de libertad, un espejismo snob del capitalismo tardío, sino como se construye y se sustenta ese mito. Lo mismo para el «terraplanismo». No se trata de concluir que «en realidad» este mito no se sustenta, sino las condiciones que hacen posible sustentarlo. La pregunta de investigación que incluya un «pero en realidad….» nos conduce, en realidad, a un camino que nos aleja del conocimiento antropológico y niega a nuestros sujetos de estudio la capacidad de raciocinio.





