“Ala carachas, cómo esta mi chino” conocida frase capitalina, que lejos de mostrar la realidad de ese gran espectro de dialectos que varían desde el ñero hasta el gomelo, evoca a ese Santafereño octogenario, digno representante de aquellos atenienses capitalinos, que cuentan mis taitas que habitaban por estos lares en tiempos tan antiquísimos que hasta existía un tranvía en Bogotá, La Piscina sonaba a un estanque destinado al deporte y Ciudad Bolívar a ciudad idílica y libertaria y no a decadente y libertina. Pero, ¿por qué semejante título extranjero venido de tierras tan exóticas como ancestrales? Dicen las leyendas urbanas que el Barón Von Humboldt al llegar en su viaje expedicionario quedó impresionado por la cultura de los Bogotanos, y decidió llamarla “ciudad griega”, haciendo honor a las numerosas instituciones culturales y científicas que encontró durante su periplo por la Nueva Granada. Mutis (El viejo Mutis) le supo impresionar (tramar) con su gran cantidad de dibujos (matachos), de cientos de flores y vegetales (de las Yervitas) que documentó en la expedición botánica (que se pilló por ahí, yo también las he visto!). Otros dicen que fue Marcelino Méndez, quien en su libro Antología de la poesía latinoamericana, predijo acertadamente que la cultura literaria de Santafé de Bogotá era tan importante y tan arraigada en sus gentes que esta ciudad estaba “destinada a ser con el tiempo la Atenas de la América del Sur”. Y efectivamente, es común encontrar en cada barrio ese Viejo Pericles que pasa vendiendo Peri… Es una desgracia que Marcelino nunca haya venido a Bogotá a contemplar él mismo la agitación cultural capitalina. Bogotá era entonces el centro de atracción de importantes artistas, escritores y pensadores de finales del siglo XIX y comienzos del XX, muchos de los cuales alababan la cultura capitalina. No es nuevo que en Bogotá se hable el mejor español del mundo (¿Si o qué?), que hasta el ilustradísimo y conocidísimo diplomático argentino Miguel Cané, en sus memorias de viajes por Colombia y Venezuela dejo constancia que los Bogotanos se jactaban y enorgullecían de hablar el mejor español del mundo, y que “cualquier ciudadano de a pie recitaba los poemas de Víctor Hugo”, cosa que no sé por qué no se sigue haciendo. El viajero francés Pierre d’Espagnat también la bautizó, en 1898, como la Atenas del Sur (Espero que no sea solo un mochilero), así como los poeta Julio Flórez, Francisco Antonio Vélez Ladrón de Guevara (S XVIII), y el humanista Colombiano Rufino José Cuervo entre otros.
Desde la entrada del siglo XX Bogotá se caracterizó por ser el centro de acalorados debates políticos, que en otras regiones del país no habrían sido más que matanzas despiadadas. En los años 20 era común ver grupos de teatro callejero en la ciudad, así como constantes conciertos del recientemente inaugurado teatro Colón. Con la llegada de nuevas ideas políticas a Colombia en contra del bipartidismo ancestral, nuevas facciones surgieron unas en contra de otras y en contra de las que no estaban en contra, y así en medio de un polvorín de álgidos debates, de odios irreparables en un mundo impuestamente Godo, la Atenas de Suramérica muestra su lado más salvaje. La muerte de un gran hombre que trae consigo más muertes. La destrucción del centro de una ciudad reconocida por su cultura es inevitable. La turba de quienes años antes recitaban por las calles poemas de Victor Hugo, ahora no ven más que la oportunidad de aprovechar el caos para llevarse su motín, se crea una escisión de la que aun hoy no hemos podido recuperarnos.
Mas ese ideal de Atenas no ha sido abandonado por algunos. Fanny Mickey se da cuenta del potencial que posee Bogotá y organiza uno de los festivales de teatro más grandes y reconocidos del mundo, Bogotá es llamada capital mundial del libro aunque las estadísticas digan lo contrario. Además de Rock al parque, de salsa al parque y de otros cientos de eventos que son llevados a cabo aquí, tenemos una gran red de educación pública (que en general es desvalorada, considerada de poco estatus y que hay que mejorar MUCHO).
Creo que es el momento de que nosotros, los bogotanos que vivimos ahora y que no decimos “Ala carachas, como esta mi chino” sino “Quiubo güevon/parce, ¿todo bien?” Debemos mantener en alto ese bonito apodo que le dieron a Bogotá. Como Atenas de Suramérica y como toda gran Atenas “Cuna de la democracia”, el debate debe verse por doquier. Esta es una invitación expresa a que los estudiantes universitarios, jóvenes, viejos, ricos, pobres, comencemos a hacernos parte del Estado, a hacernos parte de una democracia real. Todos somos parte de esta ciudad, de esta nación, y salvo que seamos personas demasiado inconscientes (unos pirobos) todos queremos que el acceso a los derechos fundamentales, la vida, la vivienda, la educación, el libre desarrollo, sean de acceso inmediato a todas las personas. Por eso convoco a que dejemos la apatía social y política, que de vez en cuando creemos y nos unamos a acalorados debates, que no nos encerremos a un claustro, que luchemos con actos por esos ideales.
Desde más de medio siglo atrás la Universidad Nacional y muchas otras universidades públicas se han caracterizado por sus profundas críticas a la sociedad, principalmente desde el punto de vista de las doctrinas de izquierda. Desgraciadamente, por actos de algunos colectivos de personas, sus voces no han sido escuchadas y la Universidad ha sido tachada de violenta. Creo que no es el sentir general dentro de la U, pero desgraciadamente ha logrado que una vez más los bienes públicos sean desvalorados por una gran porción de la ciudadanía. Por otro lado las universidades privadas llegan a parecer «sucursales de Davivienda», (frase de uno de mis profesores) y a veces parecen apáticas al destino de una inmensa mayoría de colombianos. Invito a que todos hagamos de Bogotá esa Atenas vibrante de debates, de diversidad, de cultura, de artes, de expediciones, de democracia participativa, de lucha por los ideales que a todos nos atañen, pero también seamos pacíficos en la lucha por estos objetivos.
En estos momentos se están gestando movimientos sin precedente histórico en la Universidad Nacional, estamos a las puertas de construir nuestro propio modelo de universidad y de nación. No seamos excluyentes ni nos excluyamos. Unámos en nuestras diferencias ideológicas y de condiciones socioeconómicas para luchar por esos ideales de nación justa. No más odio, no más violencia, no más marginamiento. Hagamos que el mundo nos mire nuevamente y que vea aquí en la Atenas de Suramérica un referente para la creación de una democracia real y duradera.