Contra la mascarilla obligatoria
Nos llega este breve panfleto contra la obligatoriedad de uso de mascarilla. Suscribimos lo ahí dicho en su totalidad, y por eso lo compartimos con los lectores de Ed. El Salmón y animamos a su difusión, crítica y discusión.
Si eres de los que se da un baño en el mar con la mascarilla y los guantes puestos; o si eres de los que le encasqueta la mascarilla al crío de cuatro años; o si eres de los que considera que llevar la mascarilla ocho, diez, doce o catorce horas en el puesto de trabajo es un derecho de los trabajadores y no un atentado contra su salud y su dignidad; o si eres de los que piensa que llevar mascarilla es de ser buen ciudadano; o si eres de los que va a la manifa contra los recortes, contra el racismo o contra la ley mordaza con la mascarilla puesta; o si estás conforme con que entre en vigor en Cataluña la obligación de llevarla siempre, aunque haya distancia de seguridad; o si sencillamente eres de los que no entiende por qué hay que ponérsela a la fuerza y encima creerse que eso puede ser bueno para algo… entonces tal vez te interese leer esta hoja, en la que se dan ALGUNAS RAZONES CONTRA LA MASCARILLA OBLIGATORIA.
Si te parece oportuna y útil para lo que sea, difúndela y repártela de la manera que mejor te parezca.
¿TE HAS PARADO A PENSAR EN SI LA MASCARILLA OBLIGATORIA DE VERDAD SIRVE PARA LO QUE NOS DICEN QUE SIRVE?
¿TE HAS PARADO A PENSAR EN QUE PARA LO ÚNICO QUE SEGURO QUE SIRVE ES PARA NO DEJARNOS HABLAR NI RESPIRAR, PARA ALIMENTAR EL CLIMA GENERALIZADO DE MIEDO, PARA QUE CADA CUAL MUESTRE SU OBEDIENCIA, PARA SEÑALAR AL QUE NO SE SOMETE?
¿TE HAS PARADO A PENSAR EN QUE, CUANDO UNA ORDEN ES TAN ESTÚPIDA Y TAN DAÑINA, SE PUEDE DESOBEDECER?
CONTRA LA MASCARILLA OBLIGATORIA,
¿TE HAS PARADO A PENSAR?

Desde la orden gubernamental del 19 de mayo, confirmada y retocada por Real Decreto el 9 de junio (es decir, en pleno estado de excepción), y hasta que el gobierno tenga a bien declarar «finalizada la situación de crisis sanitaria» (es decir, hasta no se sabe cuándo), «las personas de seis años en adelante» están obligadas a llevar mascarilla.
Son muchos los estudios que muestran que las mascarillas no sirven para impedir el contagio de enfermedades respiratorias del tipo del virus corona.* La propia OMS reconoce que «no hay suficientes pruebas a favor o en contra del uso de mascarillas (médicas o de otro tipo) por personas sanas».** ¿Qué sentido tiene entonces imponer su uso por ley, y encima a enfermos y sanos por igual?

Por otra parte, se nos ha obligado a usar mascarilla justo cuando lo peor de la epidemia ha pasado. Los hospitales ya no están saturados. Y no tiene sentido querer frenar a cualquier precio una enfermedad que sólo resulta peligrosa en unos pocos casos. Siempre ha habido enfermedades de transmisión similar y nunca se nos ha obligado a llevar mascarilla. Ahora mismo hay menos peligro que en plena temporada de gripe en otros años.
Pero no es sólo que haya muchas dudas, y muy razonables, sobre la capacidad de la mascarilla para evitar contagios. Es que además puede ser perjudicial para la salud. Cualquiera sabe que llevar mascarilla es un incordio y una guarrería que no puede sentar bien a nadie. Pero si alguien necesita que se lo confirme la ciencia, que sepa que no faltan científicos que avisan de que el vapor que exhalamos y se va acumulando en la mascarilla es un caldo de cultivo perfecto para virus, bacterias, hongos y parásitos presentes en el aire, y de que las mascarillas impiden que eliminemos correctamente el anhídrido carbónico que exhalamos, haciendo que ese desecho nocivo vuelva a entrar en la sangre a través de los pulmones, de modo que, en lugar de nutrir las células con el oxígeno que necesitan, se les devuelve una sustancia tóxica, lo que puede hacer enfermar de maneras mucho más graves que las que se pretenden impedir con la mascarilla.*** ¿Cómo puede ser que en nombre de la salud se nos impida respirar correctamente?
Si no sirve para lo que dicen lo que sirve, ¿para qué sirve entonces la mascarilla obligatoria?

Utilizar correctamente una mascarilla exige el cumplimiento constante de una serie de instrucciones bastante engorrosas que nadie o casi nadie observa. Cada cual lleva la mascarilla como buenamente puede. O sea, mal. Y no pasa nada, porque lo único que está mandado es que la lleve. Esta imposibilidad de usar correctamente la mascarilla, y la palmaria indiferencia de las autoridades al respecto, demuestra que la función de la mascarilla no es sanitaria, sino política y religiosa: no se trata de recomendaciones más o menos razonables, sino de una imposición legal, de un acto de fuerza; no se trata de mirar por la salud, sino de que se cumpla el ritual mágico de adhesión y de obediencia, que es la manera, única y obligatoria, de conjurar la amenaza abstracta y de evitar el castigo concreto.
Pero cualquiera se da cuenta de que el efecto principal que tiene esta imposición legal y este ritual supersticioso es el de separar (en el doble sentido de aislar y clasificar) a la gente: la mascarilla hace que sea muy difícil hablar, oculta la mitad de la cara o más y alimenta así la idea de que somos peligrosos los unos para los otros, dejando señalado como «egoísta» (y quién sabe qué más) a quien no se somete, de forma que los obedientes puedan volverse contra él. La agresividad, los malos modos y la intimidación contra quienes se resisten más o menos a llevar la mascarilla, y el desprecio absoluto por las razones que puedan asistirles, están ya a la orden del día.
Pues bien, contra una norma tan estúpida y tan dañina, o sea, tan irracional, cabe desobedecer, o al menos no obedecer más de lo que manda la propia Ley. Digan lo que digan policías, vigilantes, empleados de comercios y servicios públicos y nuestros propios vecinos, por ahora la mascarilla sólo es obligatoria por ley cuando no se puede guardar la distancia de seguridad de metro y medio, lo mismo en sitios cerrados que abiertos, y en los transportes públicos. Y están exentos de ella los niños de menos de seis años; quienes hagan deporte al aire libre; personas en supuestos de fuerza mayor o situación de necesidad; quienes tengan algún problema de salud que les impida llevarla; quienes estén haciendo cosas incompatibles con el uso de mascarilla. Así que quienes coman pipas en el tren, quienes se besen en los autobuses, quienes se suenen los mocos o fumen o beban o lo que sea donde sea han de estar exentos. Claro que las principales actividades incompatibles con el uso de las mascarillas son hablar y respirar. Exentos están también quienes tengan, por ejemplo, algo de asma o les dé ansiedad llevarla, y esto último da la impresión de que nos pasa más o menos a todos. Como las autoridades tienen la manía de no creer a la gente y la cosa se ha puesto tan violenta, hay quien prefiere que un médico le certifique por escrito esta incompatibilidad suya con las mascarillas (por mucho que la ley no exija estos certificados). Otros prefieren obedecer de manera paródica o exagerada y pintarse en la mascarilla lemas como «Yo obedezco», o el dibujito que ilustra este panfleto, o se ponen un bozal encima de la mascarilla, o salen a la calle con una escafandra o con un burka… Otros desobedecen sin más y no se la ponen nunca, o no se la ponen hasta que no les obligan. Las ocurrencias de la inteligencia no sometida no tienen fin.
Porque la salud no puede ser obligatoria
Porque no tiene sentido perder la vida para salvarla
Porque lo que nos están obligando a sacrificar no son nimiedades
o lujos prescindibles, sino la vida misma…
CONTRA LA MASCARILLA OBLIGATORIA, ¿POR QUÉ NO DAMOS LA CARA?

«¡Dejen de comprar mascarillas!»: el director de Salud Pública de EE.UU. asegura que no son efectivas para prevenir el coronavirus
Esta advertencia se debe al aumento en la demanda de máscaras faciales en ese país norteamericano.
Esta advertencia se debe al aumento en la demanda de máscaras faciales en ese país norteamericano.
El cirujano general del Departamento de Salud de EE.UU., Jerome Adams, recordó a sus compatriotas que las mascarillas «no son efectivas» para evitar contagios por coronavirus, mientras que los profesionales sanitarios las necesitan para cuidar a los pacientes con covid-19 sin ponerse «en riesgo» a sí mismos y «a nuestras comunidades».
«¡Dejen de comprar mascarillas!», instó este doctor a través de su cuenta de Twitter el pasado 29 de febrero, donde detalló que «la mejor manera de protegerse» y «ayudar a frenar la propagación de enfermedades respiratorias» es realizar «acciones preventivas diarias, como quedarse en casa cuando se está enfermo y lavarse las manos con agua y jabón».
Esta advertencia se debió al aumento en la demanda de máscaras faciales en EE.UU., especialmente el modelo N95, que se caracteriza por su grosor y ajustarse mejor a la nariz y la boca.
Adams aclaró que cualquiera corre el mismo riesgo de contagiarse de esta enfermedad y recordó que «las personas de ascendencia asiática, incluyendo a los chinoamericanos, no son más propensas a contraer covid-19».
Este vicealmirante de EE.UU. indicó que los principales síntomas de la enfermedad incluyen fiebre, tos y dificultad para respirar y mencionó tres pasos para mantenerse sano: lavarse las manos con agua y jabón durante al menos 20 segundos; evitar tocarse ojos, nariz y boca cuando esas extremidades estén sucias y emplear soluciones de limpieza en las superficies.


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¡ MUERTE A LOS TRAIDORES ASESINOS !
¿Cuando cambie todo, de que van a vivir estos perros globalistas …?
¿Quien dara trabajo a este gran saco de mierda-…?
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Nos vistieron como a perros
con el bozal en la boca
esos perros comunistas
hijos de una perra loca
millones de maricones
y de bolleras muy feas
aplauden la decisión
de esos hijos del averno
que es el gobierno español
mientra me cago en sus muertos
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Mascarillas
Riesgos del uso de las mascarillas
1.- HIPOXIA
2.- HIPERCAPNIA
Esto puede provocar envenenamiento en el flujo sanguíneo, así como alteraciones físicas y mentales.
Agravan enfermedades cardiacas, respiratorias y dermatológicas sobrevenidas y previas.
De especial gravedad para personas con VALVUPATIAS, asma, bronquitis, EPOC y otras afecciones pulmonares
UNIVERSIDAD MUNICH DRA. BUTZ
DRA NITZAN Coordinadora Sanitaria de OMS
Profesor OUSEY, Universidad HUDDERSFIELD UK
EUROPEAN CENTER OF PREVENTIONS AND CONTROL
Posible causa de cáncer
Según ha podido demostrar el Prof.- Stefano Montario las mascarillas incuban cáncer. El vapor que emitimos moja las mascarillas creando un cultivo agradable para virus, bacterias, hongos, parásitos que están en el aire y se pegan a las mascarillas. Lo respiramos y lo vamos pasando por todos lados. También entran por nariz y boca.
El anhídrido carbónico que soltamos al respirar vuelve a entrar en los pulmones, en la sangre, alimentando a las células con desecho, en lugar de oxígeno, y produce una saturación de anhídrido carbónico en la sangre ( hipercapnia)
Por esta saturación se empieza a producir acidosis que es lo ideal para incubar el cáncer. A esto hay que añadir el estrés al que se somete al cuerpo que está demostrado que es un detonador del cáncer.
El uso extendido de las mascarillas por parte de personas sanas dentro de una misma comunidad no está avalado por la evidencia científica actual“, reza el documento con las recomendaciones sanitarias de la propia OMS.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó un informe titulado Consejos sobre el uso de mascarillas en el contexto de COVID-19. Se trata de un documento en el que la organización internacional se reafirma en desaconsejar el uso de la mascarilla entre personas sanas. La publicación de este informe se produce después de que dentro de la organización se produjera un debate sobre la conveniencia o no de esta medida. Un debate que se ha alimentado con la decisión de la región italiana de Lombardía que exige su uso y multa hasta con 400 euros a quien no lleve máscara o una prenda que cubra su boca. A este debate se sumó España cuando Fernando Simón anunció el sábado pasado la posibilidad de que el uso de mascarillas sea generalizado tras levantarse la fase de confinamiento contra el supuesto coronavirus.
Por último, la SOBRE PROTECCIÓN Y MEDIDAS DESPROPORCIONADAS pueden conducir a unos resultados mucho más nocivos que beneficiosos y que acarrean daños colaterales e indirectos que repercuten en la salud física y mental de toda la comunidad.
Por si esto no fuese suficiente exigían un “certificado médico” que te eximiese de ese suicidio, vulnerando el Derecho a la Intimidad y el que no lo entregaba corría el peligro de ser detenido y apaleado, en muchas ocasiones, por esa policía.
Todos los días a las ocho de la tarde había que salir a los balcones a aplaudir a unos supuestos “héroes”: los sanitarios, que más tarde sabríamos que tenían los hospitales vacíos y se dedicaban a hacer coreografías y a colgarlas en las redes sociales, y esa Policía a la que ya todos temían.
De hecho, utilizaban imágenes de esos hospitales el año anterior por la epidemia de la gripe y lo subían como si realmente fuesen de ese momento.
Pero esta era la realidad
La brutalidad de la Policía estaba a la orden del día y hay innumerables videos en Youtube y todo con el beneplácito de jueces y fiscales politizados y que despreciaban y desprecian la Constitución y los Derechos Humanos.
El 20 de junio da por terminada esta cuarentena donde se habían vulnerado todos los Derechos Constitucionales, se había cometido un inmenso genocidio y habían condenado a un país a una deuda perpetua de la que unos cuantos se iban a beneficiar. No se sabe si realmente ha habido muertos por el Covid19, todo apunta a que han jugado con las cifras. De hecho, no se realizaron autopsias y los famosos test, como ya sabemos, no sirven para detectar carga vírica y mucho menos para diferenciar un supuesto coronavirus de otro.
Dr. Kary Mullis, Bioquímico, inventor de la técnica de reacción en cadena polimerasa PCR para establecer test genéticos, por lo que se le otorgó el Premio Nobel de Química en 1993. Esta técnica ahora se usa mundialmente para medir la carga viral. Mullis ha denunciado que la PCR no sirve para contar virus (Revista Éxodo nº84)
Que se sepa nunca se ha aislado, purificado, secuenciado, medido ni micro grafiado este ya tristemente famoso virus, pero eso sí, los ciudadanos, gracias a las televisiones, han generado un Síndrome de Estocolmo tan perfecto que lo que anunció en marzo el presidente del Gobierno, “la nueva normalidad”, la han aceptado con absoluta sumisión.
El 9 de junio el Gobierno hace público un nuevo Decreto Ley, comúnmente conocido como el Decreto de la Nueva Normalidad, 21/2020, donde ya se hace obligatorio el uso de las mascarillas y el distanciamiento social hasta que aparezca una vacuna…
España es un país caluroso, las mascarillas son obligatorias desde los seis años, y todos los trabajadores deben hacer uso de ellas.
Medidas de prevención e higiene
Artículo 6. Uso obligatorio de mascarillas.
1. Las personas de seis años en adelante quedan obligadas al uso de mascarillas en los siguientes supuestos:
a) En la vía pública, en espacios al aire libre y en cualquier espacio cerrado de uso público o que se encuentre abierto al público, siempre que no resulte posible garantizar el mantenimiento de una distancia de seguridad interpersonal de, al menos, 1,5 metros.
b) En los medios de transporte aéreo, marítimo, en autobús, o por ferrocarril, así como en los transportes públicos y privados complementarios de viajeros en vehículos de hasta nueve plazas, incluido el conductor, si los ocupantes de los vehículos de turismo no conviven en el mismo domicilio. En el caso de los pasajeros de buques y embarcaciones, no será necesario el uso de mascarillas cuando se encuentren dentro de su camarote o en sus cubiertas o espacios exteriores cuando resulte posible garantizar el mantenimiento de una distancia de seguridad interpersonal de, al menos, 1,5 metros. Esta distancia de 1,5 metros se la ha inventado el Gobierno, ya que la OMS habla de 1 metro.
2. La obligación contenida en el apartado anterior no será exigible para las personas que presenten algún tipo de enfermedad o dificultad respiratoria que pueda verse agravada por el uso de la mascarilla o que, por su situación de discapacidad o dependencia, no dispongan de autonomía para quitarse la mascarilla, o bien presenten alteraciones de conducta que hagan inviable su utilización.
Tampoco será exigible en el caso de ejercicio de deporte individual al aire libre, ni en los supuestos de fuerza mayor o situación de necesidad o cuando, por la propia naturaleza de las actividades, el uso de la mascarilla resulte incompatible, con arreglo a las indicaciones de las autoridades sanitarias.
3. La venta unitaria de mascarillas quirúrgicas que no estén empaquetadas individualmente sólo se podrá realizar en las oficinas de farmacia garantizando unas condiciones de higiene adecuadas que salvaguarden la calidad del producto.
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