āAndĆ” a terapia āle diceā. Yo ya hice mi parte; yo ya fui y hablĆ© mis males. Curate vos de los tuyos: venĆ aquĆ perfecto, venĆ aquĆ listo.
Eso no se lo dice. No textualmente, pero sus ojos se lo gritan, se lo reclaman, se lo demandan. EstƔ convencida de que su dolor es causa de sus grietas; que Ʃl tiene la responsabilidad por ser como es y por no ser de otra manera, por no ser quien ella sueƱa, que ella quiere, quien ella espera; aunque tiene el potencial de serlo, aunque tiene mucho de eso y porque, aunque le falta poco, nunca quiso serlo.
Ćl la escucha. EstĆ” ensanchando la nariz por respirar rĆ”pido y fuerte, como siempre que se enoja. Usa las manos con fuerza y con una elegancia orquestal: parece dirigir los hilos de Mahler, parece renacer sus esperanzas. A Ć©l le gusta incluso cuando ella estĆ” asĆ, destruyĆ©ndolo; a Ć©l le gusta verla asĆ cuando habla de las cosas que le gustan, pero lo destruyen cuando dirige hacia Ć©l esa fuerza: marca las detonaciones en su cuerpo, baja y abre los ojos y es un golpe a las costillas, un golpe seco y mudo. Uno tras otro. Siente el cuerpo contraerse, siente los mĆŗsculos tensos y un nudo en la garganta que no deja de apretarse.
EstĆ” cansada y Ć©l estĆ” cansado de no poder descansar, de mantener la guardia arriba, de ceder, de callar, de aguantar. Quiero tregua, piensa. Quiero silencio. ExtraƱo el silencio. Quiero la paz de la ausencia. Quiero la tranquilidad que tenĆa, la que ella le quitó, la que ella juró cuidar pero que hoy tambiĆ©n la provoca.
Vuelva a la carga y le reclama:
āYo hice terapia, yo hice constelaciones familiares, yo hice regresiones y arquetipos sanguĆneos; yo he trabajado en mĆ y vos no has hecho nada por nosotros. Vos, con tu estĆŗpida terquedad de hombre, no has hecho nada por mejorarte, por cuidarte, por ser mejor para…
Mientras le marca las palabras y las acentúa con los dedos largos; con la mirada punzante; con la boca haciendo esa mueca que ama ver cuando habla de todo menos de él, pero que lo mata cuando se la dirige. EstÔ cansado de eso. No baja nunca la mirada: sus ojos estÔn fijos en ella, en cada cosa que hace, en cada gesto que duele. Siente cada golpe.
No quiere defenderse. Quiere renunciar a su defensa no porque su argumento haya sido devastador āaunque lo haya sentido de una manera fatĆdicaā, no porque ella tenga razón, sino precisamente para no dĆ”rsela. Se calla, aunque podrĆa decir algo que lo resarciera y lo dejara irse victorioso y orgulloso.
Ćl podrĆa parar la masacre que recibe; Ć©l podrĆa devolver los golpes, sabrĆa cómo hacerlo. Entiende cómo defenderse y, por ende, es importante que se contenga, porque es fĆ”cil jugar su juego: adoptar sus tiempos, olvidarse de las reglas y golpear bajo; enfrascarse en los lugares simples, recorrer los momentos frĆ”giles y apretarlos entre los dedos. Es demasiado fĆ”cil olvidarse del otro, y Ć©l no es de esos. No cede ante eso. Guarda silencio y cada que piensa una respuesta ingeniosa se muerde los labios; cada que haya un flanco descubierto, se muerde los labios; cada que ve la defensa baja se muerde los labios y entonces sangra. Y la sangre en su boca lo alerta: ha aguantado todo lo que puede. Es momento de replegarse, de recuperar las filas.
Se levanta en silencio y aturdido, con los ojos frĆos. Su cuerpo estĆ” presente, pero nada mĆ”s de Ć©l queda, āYo ya hice la mĆa, yo he aguantado ādice Ć©l por fin, en un tono frĆo, distanteā; he aguantado todo lo que he podido. Bien podrĆa yo haberte devuelto tu poca cortesĆa; podrĆa haber convertido todo en carbón y brasa como lo has hecho tĆŗ, con tu terapia y tus constelaciones y con todo lo que has hecho. De cada lugar al que vas traes una lista de pendientes, de deudas emocionales a mi nombre, todo lo malo que te pasa es porque yo soy como soy dices; de cada experto, de cada ritual, de cada cĆrculo un nuevo defecto mĆo… igual a las hipócritas de las iglesias que pregonan el amor por dios pero desprecian al prójimo. Es buen marketing, como el de las iglesias quien viene serĆ” salvado, quiĆ©n no estĆ” del lado del enemigo, es el enemigo, lleno de maldad y capaz de corromperlo todo. Uno va a terapia a hacer las paces con uno, no la guerra con el mundo.
Yo aguantĆ©, hasta hoy, sin avivar el fuego. Yo esperĆ© que entendieras que, a pesar de tu miedo a la opinión de los demĆ”s… yo estaba aquĆ, pero no voy a quedarme a que me consumas. No soy madera para tu hoguera, ni vas a convertirme en leƱa para tu fuego.